Una vigilia para «escuchar la voz de la Creación»

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Ayer martes, coincidiendo con la fiesta de San Francisco de Asís, la iglesia del convento de las madres Clarisas de Burgos acogió una vigilia diocesana de oración con la que finalizó el «tiempo de la creación», la propuesta anual que promueve el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede durante el mes de septiembre.

 

Aunque la recién concluida Asamblea Diocesana no ha abordado en sí mismo el problema medioambiental, sí se han esbozado algunas pinceladas que lleven a «generar una verdadera alternativa de vida plena y feliz para todos, dentro de una ecología integral». También a «crear en las parroquias y en otros ámbitos grupos que vivan y ayuden a tomar conciencia de lo que la Iglesia, siguiendo la Laudato Si y la Doctrina Social de la Iglesia, entiende hoy por ecología integral e ir incorporando esta dimensión ecológica en el mensaje y en las prácticas de nuestras comunidades». La vigilia de oración celebrada ayer se integraba en esta línea, que se enmarca en una campaña sencilla que incluirá algunos otros encuentros de oración, algunos actos públicos como el de la Jornada Mundial de los Pobres, un curso en la Facultad de Teología sobre ecología integral, un planteamiento de cómo ir avanzando en este campo en las instituciones diocesanas (economía, consumo, opciones y mensajes), y algunas sugerencias que se propondrán a parroquias y comunidades.

 

Bajo el título «Escuchar la voz de la Creación», la vigilia contó con peticiones de perdón, escucha y reflexión en torno a la Palabra de Dios y peticiones. También se pudo escuchar el testimonio de Dominique Tiendrebeogo, natural de Burkina Faso y que trabaja cuidando la tierra en la Huerta Molinillo de Burgos. El acto concluyó con la entrega de una vela como recordatorio de la jornada y como una llamada a seguir escuchando «la voz de la Creación«.

El Seminario de San José estrena el curso con nuevo rector

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Diecinueve jóvenes se forman este curso en los muros del Seminario diocesano de San José con el deseo de ser sacerdotes. Diez de ellos son de Burgos; el resto proceden de las diócesis de Osma-Soria (con cuatro), La Rioja (con uno), Monterrey, en México (con dos) y Gitega, en Burundi (con otros dos). La comunidad educativa la conforman también otros cinco adolescentes, que se forman en el Seminario Menor.

 

Capitaneando esta comunidad, «semilla de futuros sacerdotes», se encuentra Javier Pérez Illera. La pasada semana hacía profesión de fe y juraba fidelidad ante el arzobispo, don Mario Iceta, que lo ha colocado al frente del Seminario. El nuevo rector deja de servir a las comunidades cristianas de la zona de Salas de los Infantes, donde era párroco, para dedicarse al cuidado de los seminaristas. «Todos los sacerdotes hemos pasado por el Seminario, pero eso es muy diferente de hacerse cargo del mismo», asegura tras las primeras semanas en el edificio del Paseo del Empecinado.

 

Después de los primeros compases al lado de los seminaristas, en su corazón se mezcla un doble sentimiento. Por un lado, «una sensación de no llegar», pues además de la formación de los seminaristas ha de hacerse cargo de las zonas del edificio que prestan servicios diocesanos, como el espacio de encuentro Valentín Palencia. Junto a ello, vive este momento con «ilusión y alegría», con el deseo de que los futuros sacerdotes salgan de allí «bien preparados y formados».

 

Para ello, Javier apuesta, siguiendo las directrices que marca la Santa Sede en la formación de los seminaristas, por lograr en los jóvenes «cualidades humanas que los capaciten para llegar a todos» cuando sean un día sacerdotes. Todo ello sin olvidar una «experiencia fuerte de Dios»: «Tenemos que ofrecer a Jesús al mundo». De ahí su apuesta por conocer iniciativas de primer anuncio: «Hemos de volver continuamente al Señor para saber ofrecerlo a los demás», insiste.

 

Con «paciencia»

 

El papel de los seminaristas está siendo vital en la acogida del nuevo rector. Ellos, junto al formador Diego Luis Díez, y el administrador, José Manuel Villarán, le están metiendo poco a poco en la dinámica de la casa «con mucha paciencia», señala el rector, que estrena cargo junto al director espiritual, Juan Mariano de Lucio. Para éste, la suya es una tarea «más oculta, casi en la sombra», «ayudando en el camino a quien se siente llamado a entregar la vida de forma valiente por el Señor». Como explica, a través del acompañamiento y la dirección espiritual, «ayudará a los seminaristas a descubrir la espiritualidad del sacerdote y a discernir su vocación, fundamentada en su bautismo».

Belorado acoge una exposición sobre cristianos perseguidos

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La iglesia de Santa María la Mayor de Belorado acoge desde hoy una exposición sobre cristianos perseguidos. Se trata de una muestra organizada por la asociación privada de fieles Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Militia Templi, que recorrerá diferentes lugares de la geografía española para dar a conocer la difícil situación de los cristianos en algunos países donde se les persigue por su fe, «concienciando así sobre una situación a menudo silenciada», tal como explican los organizadores. Sus primeras paradas se ubican en torno al Camino de Santiago, por ser lugar donde la vida de estos cristianos perseguidos puede ser conocida por los peregrinos que transitan por la ruta jacobea.

 

La muestra se compone de diversos paneles en los que se exhiben historias personales, datos concretos, mapas y fotografías facilitadas por sus propios protagonistas. Así, se pueden conocer las historias del padre Luis Montes, del Instituto Verbo Encarnado, misionero en Egipto y que ha sido testigo de la persecución a los cristianos en Siria e Irak; la del obispo cordobés Juan José Aguirre, en la diócesis de Bangassou, en República Centroafricana, o la responsable de la cooperativa de artesanos cristianos de Belen, con cuya cooperativa Militia Templi tienen firmado un acuerdo de colaboración y ayuda, y un miembro de la Militia Templi en Chile. Ankara, Bangassou, Bagdad, Ankawa, Qaraqosh, Chile o Mosul son algunos de los lugares del planeta donde pone el foco esta exposición.

 

Esta muestra sobre cristianos perseguidos cuenta con un total de 18 paneles y podrá verse durante las próximas dos semanas en horario de 8:00 a 20:00, para facilitar que los peregrinos que pasen por el lugar puedan contemplar la exposición. Después, recalará en Córdoba.

Colegio Mayor San Jerónimo: un acompañamiento integral a jóvenes universitarios

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Situado en pleno corazón de la ciudad y con una imponente vista de la Catedral (ocupa la parte trasera de la Facultad de Teología), el Colegio Mayor San Jerónimo, un verdadero «hogar» para estudiantes, ha ampliado su número de plazas y también sus objetivos pastorales. Septiembre ha arrancado con una ocupación de 120 plazas (cuando se abrió como colegio mayor eran solo 29), con una ratio de 70 chicos/40 chicas. Un 60% de los alumnos que residieron allí el pasado curso han renovado su plaza para el presente año académico. Once de ellos proceden de la provincia (Villarcayo, Oña, Aranda de Duero, Espinosa de los Monteros y Miranda de Ebro) y el resto, de otras provincias de Castilla y León, País Vasco y La Rioja. Además, también se presta servicio de residencia y comedor en el Seminario de San José a 60 pilotos.

 

Así como los dos primeros años la labor de Juan José Dueñas y Silvia Fernández, ambos comprometidos con el Camino Neocatecumenal, se centró sobre todo en la gestión, ahora pretenden ir un paso más allá e intensificar el acompañamiento a los universitarios: «Los chicos están muy necesitados de que se les escuche, de que se les quiera», apunta Silvia, que conversa con ellos como si de sus hijos propios se tratase. 

 

Recuerdan con mucho cariño la asunción de su nueva responsabilidad. La primera noche que durmieron en el que hoy es su hogar –son matrimonio– fue el 31 de enero de 2020, fiesta de San Juan Bosco: «Fue totalmente coincidente pero providencial. Como decía él, hay que amar a los chicos, estar con ellos», sostiene Silvia recordando la oración de la mañana de aquel día mientras recitaban el Oficio de Lectura. «Mi misión aquí es ayudar a los hijos de otros a llegar al Cielo», añade. «Para mí no es trabajo, no me cuesta, lo vivo como una misión: evangelizar».

 

Acompañamiento integral

 

Cuando conoció este recurso diocesano, el arzobispo, don Mario Iceta, sintió que «faltaba un proyecto educativo», recuerda este joven matrimonio. Y en esta línea trabajan: «Buscamos que el tiempo que estén aquí los chavales, crezcan», aseguran. Además, les consta que la mayoría de los padres de los residentes buscan que se les eduque en valores.

 

Ese camino hacia la excelencia abarca todas las facetas de la persona, lo que se traduce en actividades concretas para entrenar habilidades, como oratoria, técnicas de estudio («una cosa es hacer ruido y otra hacer música», apostilla jocosamente Juanjo al respecto), curva de trabajo, resolución de conflictos o gestión de los propios fracasos. Para ello se ofrece un asesoramiento personalizado, lo que se conoce como mentoring. 

 

El acompañamiento a los universitarios no queda ahí –«también la corrección es parte de la educación», advierte Silvia– y hay «líneas rojas» que no se toleran en el colegio: el consumo de alcohol y drogas.

 

La segunda pata en el proceso formativo que proponen es «generar personas solidarias, sensibles a las necesidades de los demás, romper con el individualismo». Para aproximarse a ese objetivo, el Colegio sugiere una oferta diversa en voluntariado, por ejemplo, en el ámbito de la exclusión, la discapacidad, el trabajo con las Hijas de la Caridad, o con la iniciativa de Cáritas «Café y Calor»… (un mundo que Juanjo conoce muy bien, puesto ha sido secretario general de Cáritas Diocesana durante ocho años).

 

Y la tercera dimensión que se trabaja es el sentido trascendente de la persona. En una sociedad bastante alejada de la espiritualidad, Juan José y Silvia consideran que el Colegio Mayor brinda «una ocasión única para el primer anuncio», ya que la mayoría de los universitarios que llegan están totalmente desvinculados de la Iglesia. Cuentan para ello con el apoyo pastoral de dos de los sacerdotes más jóvenes de la archidiócesis, Quique Ybáñez y Carlos Azcona. 

 

La liturgia estos últimos años se ha reducido a causa de la pandemia, apuntan. A pesar de ello, en su deseo de intensificar la pastoral, han mejorado algunos espacios, como la capilla, en la que se ha eliminado una barrera física para facilitar el acceso de los estudiantes. Por otra parte, han introducido nuevas actividades, por ejemplo, un tiempo de meditación los lunes en torno a un hilo conductor (el último ha sido el cuadro de Rembrandt «El retorno del hijo pródigo»). También organizan semanalmente un coloquio con la pretensión de que los jóvenes «no se sientan juzgados y puedan sentir el amor de Dios, que se sientan libres de opinar» y algunos residentes, incluso, han recibido el sacramento de la confirmación.

 

En el aspecto académico, Juanjo y Silvia comentan que las nuevas formas de estudio y relación han condicionado mucho los métodos de aprendizaje, pero también la forma de relacionarse. De ahí que se hayan habilitado en el edificio zonas coworking para el estudio colaborativo dotadas con la tecnología más puntera. 

 

El ocio «sano» también forma parte de la cotidianeidad de la vida de los colegiales: conferencias, visitas culturales, coro, cine fórum, yincanas, senderismo, esquí, campeonatos deportivos y otras actividades complementan la oferta del colegio mayor.

 

Servicio de calidad

 

Además del acompañamiento personal e individualizado que se hace de los universitarios que allí residen (la relación es directa con sus padres), el Colegio Mayor San Jerónimo posee unas modernas y cuidadas instalaciones que hacen agradable la estancia. Junto de los servicios habituales de manutención (comedor, lavandería, servicio de wifi, etc.), también existe una zona de «semi autonomía», en la que los residentes viven en una especie de apartamentos con cocina y servicio propios. Junto a ello, los residentes también cuentan con un gimnasio, varias bibliotecas, un amplio comedor, sala de juegos, cafetería y capilla.

Los colegios diocesanos apuestan por una enseñanza innovadora y personalizada

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Después de dos años sin celebrarse a causa de la pandemia, la capilla de Santa Tecla de la Catedral de Burgos ha acogido hoy de nuevo el acto de inauguración del curso 2022-2023 en los colegios diocesanos, que ha estado presidido por el arzobispo, don Mario Iceta. Alumnos y profesores de los centros educativos Apóstol San Pablo, Círculo, María Madre, San Pedro y San Felices, Saldaña, Santa María la Nueva y San José Artesano se han concentrado ante la Diputación Provincial para dirigirse a la Seo, donde han subrayado su apuesta por «una enseñanza innovadora y personalizada en la que el pilar sea Jesucristo, siempre dispuestos, decididos, comprometidos con la vocación de ser un don y un regalo para los demás».

 

«Nuestras escuelas tienen que ser lugares que acompañan; el acompañamiento es acoger la vida, pararse y escuchar. Es, en definitiva, salir al encuentro de prójimo, siendo nuestra seña de identidad», ha proclamado un representante de los alumnos del colegio Saldaña. «Todos somos importantes, cada miembro de la comunidad educativa tiene una misión: dar lo mejor de sí mismo a los demás», ha apuntado otro estudiante del colegio Círculo Católico. También han recogido palabras del papa Francisco en Frattelli Tutti. «Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos».

 

La comunidad educativa se ha encomendado a Dios pidiéndole que les ayude a dejarse acompañar y «hacer realidad lo que Él nos tiene preparado: ser mejores alumnos, mejores profesores, mejores padres… En definitiva, mejores hijos e hijas de Dios».

 

Los colegios vinculados a la archidiócesis se han agrupado en la fundación educativa «Manjón y Palencia» con el objetivo de «promover una educación integral de inspiración cristiana, de calidad y excelencia y que dote a los alumnos de recursos para que en el futuro sean personas competentes y capaces de transformar la sociedad», como se describe en sus estatutos. Suman un total de 4.964 alumnos y 382 profesores.