Jóvenes de Getafe celebran el Jubileo de la Catedral

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La delegación de Juventud de la diócesis de Getafe, junto con 10 sacerdotes, peregrinaron ayer hasta la Catedral con motivo del Año Jubilar. La celebración de la eucaristía en la tarde del domingo fue el momento central de la jornada tras la acogida en la plaza de Santa María y el paso por la Puerta Santa del perdón.

 

Los jóvenes comenzaron su jornada en el santuario de Loyola, hasta donde llegaron después de caminar 20 kilómetros desde Zumárraga y tras haber pernoctado en Pamplona.

 

La capilla de Santa Tecla se llenó de jóvenes que quieren plantear la vida desde la fe y la fe desde la vida. La experiencia de conversión de San Ignacio es un referente para plantear cuál es plan de Dios para cada uno de ellos. El lema del Año Jubilar, –«Sois templo de Dios»– es una invitación a que la vida tenga sentido desde la confianza en Dios.

Hijo Adoptivo de Burgos «por su implicación» en bien de la ciudad

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El arzobispo emérito de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, es desde ayer «Hijo Adoptivo de la Ciudad». A pesar de haber nacido en Ávila y haber ejercido el sacerdocio y el episcopado con anterioridad en la capital del país, tras su llegada a Burgos en noviembre de 2015, su «labor pastoral» y su «implicación en los proyectos de la ciudad» han llevado al Consistorio a distinguirle con tal título honorífico.

 

El Ayuntamiento, que le otorgó ayer tal distinción en un acto desarrollado en el Teatro Principal, también ha esgrimido para la concesión del título «su cercanía, conocimiento e implicación social», «alentando el desarrollo humano de sus ciudadanos». Entre sus méritos, el Consistorio destaca de manera especial su trabajo como «presidente de la Fundación VIII Centenario de la Catedral de Burgos», «aglutinando al tejido político, social, económico y cultural de la ciudad» y promoviendo numerosas actividades encaminadas a celebrar los 800 años de la colocación de la primera piedra de la Seo burgalesa.

 

Junto al arzobispo emérito, el Ayuntamiento ha concedido de igual manera otros títulos honoríficos: el de Buen Vecino al Rotary Club; los títulos de Burgaleses de Pro a los artistas Néstor Pavón (a título póstumo) y Ana Núñez, y las Medallas de Oro de la Ciudad al Grupo Espeleológico Edelweiss y a la Institución Fernán González. El acto, que se clausuró con el canto del Himno a Burgos, contó con la presencia del regidor municipal, Daniel de la Rosa, miembros del equipo de Gobierno y numeroso público.

 

La concesión del título de Hijo Adoptivo de la ciudad al arzobispo emérito nació a propuesta de Ciudadanos y contó con el respaldo en un pleno celebrado en el Ayuntamiento en noviembre del año pasado con el voto a favor de los grupos municipales PSOE, PP, Cs, Vox y la abstención de Podemos.

Juan de Colonia: así se construyeron las torres de la Catedral

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El profesor de la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf Nicolás Menéndez González presentó ayer en la sala Beato Valentín Palencia de la Catedral de Burgos el libro Juan de Colonia y la construcción empírica. Saberes de las formas y del hacer en el preludio de la era del tratado arquitectónico. La Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021 ha editado esta obra, que incluye 350 ilustraciones y que traduce al castellano la versión alemana publicada en 2018 por la Universidad de Colonia.

 

Este volumen recoge la tesis doctoral que Menéndez defendió en 2016. A través de una biografía artística de Juan de Colonia, analiza la creación arquitectónica de mediados del siglo XV e investiga la construcción empírica, es decir, el método creativo que existía cuando aún no había una doctrina arquitectónica escrita.

 

A lo largo de más de 600 páginas, incluye un panorama de la arquitectura burgalesa de mediados del siglo XV, una monografía sobre la capilla de la Visitación de la Catedral de Burgos y de las grandes actuaciones de Juan de Colonia en el templo. Entre ellas destacan las torres de la fachada occidental, con sus variaciones tecnológicas, que las convierten en el único par de torres góticas en la fachada de una iglesia europea que fue rematado con agujas de tracería calada en época medieval. También se centra en la microarquitectura, traspasada a la escultura funeraria y en el antepecho del triforio. Además, dedica un bloque a la obra de la Cartuja de Miraflores, con un inciso para su rediseño por parte de su hijo Simón de Colonia.

 

Menéndez reflexiona en este trabajo sobre la llegada de Juan de Colonia a Burgos gracias al obispo Alonso de Cartagena, desmontando la idea generalizada de que vinieron juntos tras el concilio de Basilea, a finales de 1439. El historiador calcula la aparición del constructor a orillas del Arlanzón entre 1444 y 1447, al frente del segundo equipo de canteros que trabajó en las obras de la torre sur. Asimismo, concluye que no es posible identificar al artista durante sus años en Centroeuropa ni, por tanto, su origen.

 

En la presentación del libro, Menéndez González estuvo acompañado por Eduardo Carrero, profesor titular de Historia del Arte Medieval de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Vicente Rebollo, deán de la Catedral de Burgos. Los ejemplares se pueden adquirir en el Centro de Recepción de Peregrinos a un precio de 30 euros.

Jóvenes que se dejan formar por el Alfarero

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El pasado sábado, la parroquia de La Anunciación acogió el habitual encuentro que reúne cada año a adolescentes que a lo largo del curso pastoral recibirán el sacramento de la confirmación en el arciprestazgo de Burgos-Vena.

 

Bajo el lema «Déjate formar por el Alfarero», medio centenar de chavales de las parroquias de San Pedro de la Fuente, Nuestra Señora del Rosario, San Juan Bautista, San Lesmes y la Anunciación se dieron cita en el encuentro, en el que tuvieron oportunidad de convivir, rezar juntos y divertirse a través de una yincana sobre los dones del Espíritu Santo. Además, a través de una sencilla catequesis pudieron profundizar en el sacramento de la confirmación y conocer diferentes realidades que se abren ante ellos: vocación, grupos juveniles y voluntariado.

Misioneros en Ucrania: «Anunciamos que Dios nos saca de la muerte y el sinsentido»

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César y Mariauxi (a la izquierda) tras la celebración de la misa en una casa.

 

«Vivimos una especie de miedo artificial; hay incertidumbre más por lo que oímos desde fuera y las noticias que nos llegan desde España que por lo que realmente vemos aquí. No hay sentido de alarma ni tanques en las calles, solo la tensión a la que los ucranianos llevan acostumbrados desde 2014», cuando Rusia se anexionó la península de Crimea. Es la percepción que traslada César Campomar, un burgalés nacido en Bilbao y que vive en una misión católica en Kiev desde 1997 junto a su mujer, María Auxiliadora Hernando, y sus diez hijos, los tres últimos nacidos en Ucrania. «Ahora mismo, nadie percibe que vaya a estallar un conflicto, estamos más preocupados por los contagios de covid que por una guerra», relata mientras explica que escuelas y universidades llevan cerrados desde antes de Navidad y los hospitales continúan saturados. Con todo, si la contienda se hiciera efectiva, esta familia del Camino Neocatecumenal «preguntaría a Dios qué hacer» e «intentaría escuchar su respuesta», que posiblemente pasaría por devolver a la abuela con la que viven a España –tiene 90 años y padece alzheimer– y permanecer junto a sus hermanos católicos de Kiev. 

 

Los Campomar Hernando se han mimetizado con la minoría católica de la capital de Ucrania, en la que, a diferencia de lo que cuentan los datos oficiales, viven más de cinco millones de personas. Allí los católicos apenas representan el 7% del total de una mayoría ortodoxa que, «como ocurre en España, tampoco son muy practicantes». Tampoco se puede olvidar el ambiente comunista y anticristiano que se vive en su cultura. Tras haber pasado seis años como misioneros en Bielorrusia –donde les dieron un «ultimátum porque sabían que éramos de la Iglesia»–, los responsables del Camino Neocatecumenal los enviaron por sorteo a Kiev. Allí colaboran con la recién creada parroquia de San Alejandro, que han visto edificarse y que aglutina a una población de 400.000 personas pero a la que solo acude un millar de católicos a rezar cada domingo. «Caminamos con ellos e impartimos catequesis en esta y otras parroquias del entorno donde nos llaman. No hacemos nada extraordinario, solo lo que podemos». «Aportamos nuestras ganas de vivir, contamos que Dios ha sido bueno con nosotros».

 

Anunciar que Dios actúa

 

Para César «la misión lo es todo; mi vida es la misión». A ella ha dedicado más de la mitad de sus años y lo hace «como agradecimiento a Dios», que, como explica, ha construido su vida «de la nada y el sinsentido» y necesita «que la gente lo conozca», que descubra cómo transforma la vida de las personas. Trabajador como administrativo en la Embajada Española en Ucrania –no hubo suerte de que lo contrataran como chófer y se puso pronto las pilas para aprender el manejo del ordenador y los trámites documentales–, César ha experimentado que «Dios se ocupa de nosotros con pequeños milagros» que él resume en haber encontrado a la mujer de su vida, tenido con qué alimentar a su familia numerosa y haber encontrado «una comunidad de hermanos que me acogen y acompañan», refiriéndose al Camino Neocatecumenal, al que pertenece desde que era un adolescente. 

 

Campomar quedó huérfano de padre a los 13 años, hecho que le empujó a «una crisis existencial profunda» que le hizo dudar de la bondad de Dios, quien para él comenzó a ser «una especie de canalla» que le había «arrebatado» a su padre cuando más éxito laboral cosechaba. Sus dudas de fe, la huída hacia adelante y las «borracheras intentando escapar de esta realidad» se toparon un día con las catequesis del Camino en su parroquia de Burgos, San Martín de Porres, a las que comenzó a acudir con asiduidad. Allí descubrió «una comunidad acogedora» y «el amor de Dios que era capaz de reconstruirte por dentro y recuperar el sentido de la existencia porque él está actuando». «Dios me estaba sacando del agujero profundo en el que me hallaba», recuerda. 

 

Además del encuentro sanador con Dios, en el Camino Neocatecumenal descubrió «hermanos que caminaban conmigo y me acogían a pesar de mis equivocaciones y pecados» y conoció a su actual mujer, con la que decidieron «abrirse generosamente a la vida» aunque ello acarrease «numerosas dificultades». 

 

Ambos se ofrecieron disponibles a la misión, a pesar de contar él con un buen puesto de trabajo como electrónico en el grupo Nicolás Correa. Y es que, como cuenta César, «los cristianos podemos alentar a este mundo que vive sin esperanza, que ha perdido el sentido, para quien todo termina con la muerte». «La vida eterna da sentido a nuestra existencia, si se cierra el cielo, ¿para qué aguantar? ¿Para qué sufrir si no existe la vida eterna y no existe el perdón? La propuesta cristiana es la mejor respuesta a los anhelos del mundo; el cristianismo atrae por su belleza, cuánta gente desearía creer y vivir nuestra esperanza. ¡No hace falta demasiada propaganda, es el deseo de nuestros heramanos!», revela. «Por eso estamos nosotros aquí y donde haga falta, para anunciar lo que he vivido, que Dios me ha sacado de la muerte, que Dios me ha devuelto a la vida».