La pandemia evidencia que «no tener casa mata»

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«No tener casa mata». Es el contundente lema con el que Cáritas celebra el próximo domingo el Día de las Personas sin Hogar, una afirmación que ha quedado patente más que nunca en estos meses de pandemia, «donde la vivienda se ha convertido en la primera línea de defensa frente al coronavirus» y donde carecer de ella expone a numerosos riesgos de infección. «Durante el confinamiento hemos percibido la situación de muchas personas sin hogar o de personas que viven en infraviviendas, lugares poco salubres y dignos para poder vivir con cierta seguridad y para quienes es una utopía poder adoptar las medidas de prevención decretadas por las administraciones públicas», ha subrayado el delegado diocesano de Cáritas, Fernando García Cadiñanos mientras recuerda que en nuestro país cerca de 2,1 millones de personas sufren situaciones de inseguridad en su vivienda y donde 800.000 hogares carecen de condiciones dignas de habitabilidad.

 

En lo que va de año, Cáritas Burgos ha atendido a 1.072 personas sin hogar (837 en Burgos, 273 en Miranda de Ebro y 137 en Aranda de Duero), un leve descenso respecto a años anteriores debido a la limitación de la movilidad a causa del confinamiento. Con todo, sus intervenciones sí han ascendido ligeramente, sumando en los meses de marzo a septiembre las 8.495. Del total de personas atendidas, 240 eran menores de 35 años (el 22,39%) y la mayoría de ellas eran ciudadanos españoles (59,89%), seguidos de europeos (15,11%) y del resto del mundo (el 25% restante).

 

Cáritas Burgos ha apostado de esta manera por dar apoyo a este colectivo, cuyos problemas van mucho más allá de carecer de un techo donde poder cobijarse y que atañen aspectos sociales, laborales y familiares. De hecho, y a diferencia de lo que ha ocurrido en otras ciudades de España, ha sido de las pocas instituciones que ha seguido operativa durante los meses más duros de la pandemia dando solución a las personas sin hogar. De hecho, el Seminario de San José acogió a 103 personas durante los meses de marzo a junio. De ellas, 26 padecían algún tipo de discapacidad, 66 eran españolas y 30 extracomunitarias. David Polo, responsable del programa de Personas sin Hogar de Cáritas Burgos, destaca que la acción de trabajadores de Cáritas y voluntarios permitió evitar contagios y dar una solución «digna» a las necesidades del colectivo. «Queremos hacer constar nuestro agradecimiento a los servicios sociales del ayuntamiento, con los que hemos tenido una colaboración y coordinación extraordinaria, así como a otros servicios municipales y, por supuesto, al resto de la diócesis de Burgos», ha asegurado.

 

Por su parte, la coordinadora del Centro de Integración Social, Pilar Martínez de Benavides, constata que en sus instalaciones hay una ocupación media del 81%, diez puntos más que el año pasado por estas fechas, siendo muchas de ellas personas derivadas en la primera fase de sus intervenciones desde Cáritas diocesana.

 

Demandas

 

Desde este prisma, Cáritas Burgos urge a las administraciones públicas a formalizar una ley estatal de garantías de acceso a la vivienda, rehabilitar el parque público de viviendas y promover el alquiler social de forma preferencial (en la actualidad solo existen en España 275.000 viviendas de este tipo, el 1,5% del total). Igualmente, solicitan una estrategia específica de lucha contra la exclusión y la paralización de los desahucios y desalojos sin alojamiento alternativo. De hecho, solo en 2019 se llevaron a cabo más de 54.000 desahucios, 150 a diario, uno cada seis horas. También solicitan un cambio en la percepción social hacia las personas que carecen de hogar, mientras denuncian que su esperanza de vida es 30 años inferior a la población en general.

 

Las acciones de sensibilización programadas para celebrar esta campaña anual se han pospuesto para más adelante dadas las actuales circunstancias sanitarias. Con todo, han elaborado un vídeo en colaboración con Aransbur, la asociación burgalesa de familias sordas, que se difundirá a través de las redes sociales durante esta semana.

Don Fidel Herráez, a los sacerdotes: «Siempre podemos dar más»

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«Siempre podemos dar más de sí, más de nosotros mismos; nunca podemos decir que ya estamos en plenitud, porque el horizonte al que nos dirigimos, que es Dios nuestro Señor, no tiene límites». Ha sido una de las advertencias que don Fidel Herráez Vegas ha dirigido a los sacerdotes de la diócesis en el habitual retiro que anima cada año a comienzo del curso pastoral. Para el administrador apostólico, el Año Jubilar deberá servir a los pastores de la Iglesia en Burgos a «reconciliarnos y recrearnos con Dios, los demás, nosotros mismos y la creación de la que formamos parte».

 

«El Año Santo deberá ayudarnos recorrer nosotros mismos un itinerario personal y comunitario», ha insistido, «una oportunidad que no podemos dejar pasar y de la que nosotros también somos mediadores». En este sentido, don Fidel ha recordado a los presbíteros que el VIII Centenario de la Catedral servirá para «hacer memoria de nuestra vocación», para «dar gracias por los miles de hijos e hijas de Dios que se han abierto allí a su plenitud» y «vivir la dimensión social de la fe de un modo más apropiado y trabajar por lograr una vida digna para los demás, pues todos son «templo de Dios»». Todo ello, ha subrayado, sin olvidar la dimensión «eclesial de conjunto» con la celebración de la Asamblea Diocesana.

 

El administrador apostólico ha alertado a los sacerdotes de no vivir estos acontecimientos «como una cosa más», sino como un «momento de gracia» al que ha insistido en sumarse: «Estamos todos implicados, vosotros y yo». «Tomad conciencia de vuestra responsabilidad en este proyecto, pues no pensemos que somos inmunes ante Dios de las decisiones que tomamos».

 

El de hoy, celebrado en Burgos, ha sido uno de los retiros que don Fidel ha impartido a los sacerdotes en distintos lugares de la diócesis. También lo ha hecho en Caleruega con los de la zona sur de la provincia y con los del norte en el monasterio de El Espino.

El administrador apostólico visita la parroquia de Villahoz

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El hasta hace unos días arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, viajó el pasado fin de semana a la comarca del Arlanza para concluir su visita pastoral a las parroquias de la diócesis, una intensa tarea que inició en abril de 2016.

 

El ahora administrador apostólico visitó el pasado sábado Villahoz, acompañado por su párroco, José Luis Pascual, quien le informó de la realidad de la comunidad y del municipio, donde, según el sacerdote, la asistencia al culto es bastante alta, llegando a alcanzar las 200 personas en los meses de verano y medio centenar en invierno. Al encuentro, que comenzó con un diálogo entre don Fidel y los fieles, acudió el Ayuntamiento en pleno, así como una amplia representación del pueblo, como sus dos cofradías, Virgen de Madrigal y La Veracruz. Don Fidel, que elogió la grandeza y la belleza de la iglesia parroquial, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, animó a todos los presentes, sobre todo, a ser felices. En la eucaristía dedicó su homilía a la Jornada del Domund, que se celebraba el domingo.

 

Don Fidel tuvo ocasión de visitar también la ermita de la Virgen de Madrigal, patrona del municipio y a la que los vecinos de las localidades cercanas también profesan gran devoción.

Misioneros: Anunciadores de esperanza ante un miedo que paraliza

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Víctor García Teresa, séptimo de doce hermanos, una de las cuales también siguió sus pasos misioneros, nació en Gumiel de Izán el 2 de junio de 1952. Llegó a Perú el 17 de octubre de 1985, fecha que recuerda muy bien por ser precisamente la víspera del Señor de los Milagros, muy venerado en aquel país. Desde entonces, ha desarrollado toda su labor en parroquias, desde las de la Sierra hasta las del distrito de San Juan de Lurigancho, junto a Lima, que es donde trabaja actualmente.

 

Allí ha tenido que enfrentarse al peor de los retos, la pandemia de covid-19, que está golpeando al país con gran dureza. «Desde un comienzo las autoridades actuaron rápidamente y bien, pero todo resultó mal», relata el misionero. «El lunes 15 de marzo comenzó el confinamiento. Para el viernes de esa semana, en la parroquia ya teníamos organizado un buen equipo de voluntarios para el reparto de los víveres que enseguida nos llegaron de Cáritas, el Banco de Alimentos y otros donantes particulares. Debido al confinamiento, al comienzo los llevábamos a las casas de gente que los necesitaba; ya después llegaba la gente a las parroquias. Actualmente llegan pocos víveres, pero siempre contamos con algunos donativos que transformamos en alimentos, y ahora hemos priorizado las ollas comunes», explica.

 

Todavía los templos siguen cerrados; sin embargo, las parroquias están funcionando en todas sus áreas: pastoral social, a través de las ollas comunes y de la escucha tanto telefónica como directamente: «La gente necesita sacar sus miedos, temores, angustias, ansiedades, depresiones…», apostilla Víctor. En casi todas las parroquias de San Juan de Lurigancho las catequesis siguen funcionando de manera virtual –«en la parroquia donde estoy hay dos sacerdotes jóvenes que conocen muy bien estos medios», comenta–; ahora bien, ha disminuido el número de niños y jóvenes inscritos. «Aprovechamos para tener cursos por las noches: Historia de la Iglesia, Biblia, mariología y espiritualidad cristiana, a través de Facebook. Los grupo de oración y hermandades rezan el Rosario y tienen sus charlas virtuales…», añade.

 

«En cuanto a liturgia, retransmitimos las misas a través de Facebook o YouTube; participa bastante la gente a través de estos medios, pero se pierde el sentido de asamblea; tiene el peligro de que algunos se acostumbren a ello. Los demás sacramentos no celebramos; esperamos ya comenzar a bautizar y tener matrimonios el próximo mes».

 

La labor social de la parroquia se extiende al ámbito de la salud y trata de llegara todos. «A comienzos de agosto nos embarcamos en adquirir una planta de oxígeno medicinal. En el grupo que estamos hay bastante gente que no es de Iglesia, pero quieren que sea la Iglesia quien lidere todo esto. Nos ha servido para tener muchas reuniones, hemos hecho colectas, «oxigenatón»… Ya estamos para firmar el contrato de compra, y en menos de un mes ya la tendremos funcionando. El asunto es que, sobre todo al comienzo, escaseó mucho el oxígeno y subió de precio excesivamente; ahora ya no se ven esas colas largas de la gente con su bombona de oxígeno, pero sigue siendo necesario; y el objetivo nuestro es hacerlo llegar a todos, especialmente a los más pobres».

 

Víctor concluye su relato subrayando: «Tratamos de ser seguidores de Jesús aquí, como vosotras y vosotros lo sois allí: anunciar la Buena Nueva de Jesús, que nos invita a descubrir al Padre-Dios; echar demonios, ayudar a la gente a sacar sus miedos, temores, etc… que les paralizan; y curar cada uno a su manera».

 

«Estamos en los peores momentos»

 

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Argentina es otro de los países de Latinoamérica fuertemente vapuleados por la pandemia. Allí se dedica a la misión Aurora Abejón González, Hija de Santa María del Corazón de Jesús. Tiene 47 años y lleva 18 de misionera, entre México y Argentina. «Providencialmente», y no sin dificultad, ha conseguido viajar a España para celebrar el 25 aniversario de su consagración religiosa tanto en la Casa Madre, en Galapagar, como en el pueblo burgalés que la vio nacer, Pinilla Trasmonte, de donde proceden nueve de las religiosas de este Instituto.

 

«Nuestro joven Instituto, de derecho pontificio desde 1998, esparcido por nueve países, tiene seis años en Argentina, en la pequeña y sencilla provincia de San Luis, al oeste del país. Allí somos 12 profesas, de las cuales tres somos burgalesas, y tres jóvenes argentinas en formación. Tenemos dos comunidades, con una amplia labor apostólica; una rural, que atiende un famoso santuario dedicado al Santo Cristo de la Quebrada, al que acuden cientos de peregrinos con mucha fe, buscando su milagrosa intervención; una casa de retiros contigua, que continuamente recibe a los sacerdotes, a grupos y movimientos eclesiales y a muchos laicos que acostumbran hacer ejercicios ignacianos. También atendemos, en distintas zonas, la catequesis de niños, adolescentes y adultos, grupo de jóvenes, retiros, acompañamiento a personas mayores, enfermas o especialmente necesitadas», explica.

 

En una zona periférica de la ciudad, desde hace dos años, asumen un jardín de infancia. Para darle continuidad, adaptaron una zona para empezar progresivamente con la primaria y ahora han iniciado la construcción de la primera fase del colegio, imprescindible para poder continuar con tercero, en el siguiente ciclo escolar.

 

En estos últimos meses, relata, ante la situación producida por la pandemia, se ha hecho más patente la grave crisis que atraviesa la sociedad argentina, en todos los aspectos. «Muchas de nuestras actividades apostólicas han tenido que cesar, por lo que hemos aprovechado para acentuar la dimensión contemplativa de nuestra vocación, por medio de la adoración al Santísimo, más prolongada; seguras de que la oración es el medio más eficaz para contrarrestar todo mal. El confinamiento y restricción en nuestra provincia y, en general, en todo el país, están siendo muy estrictos, desde el mes de marzo, por temor a que colapse el sistema sanitario, ya que no contamos con suficiente personal médico cualificado y espacios adecuados». «Gracias a Dios y a la prevención, en San Luis no nos hemos visto muy afectados, aunque en las últimas semanas se han empezado a dar casos. En cuanto al país, en general, estamos en uno de los peores momentos», matiza.

 

«La población a la que atendemos, en general, adolece de muchas carencias espirituales, morales, afectivas, psicológicas y materiales, ahora más acentuadas. Muchos cuentan con planes del Gobierno que mínimamente satisfacen sus necesidades básicas; otros viven al día con lo poco que pueden vender o trabajar… Vemos en muchos, temor; en otros, apatía…, pero también nos encontramos con gente comprometida que está luchando por socorrer a los desfavorecidos, a todos los que Dios pone en nuestro camino, también vía online, en la medida de nuestras posibilidades, buscando transmitir esperanza, alegría y paz».

Don Fidel Herráez visita la Unidad Pastoral de Huerta de Rey

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El pasado sábado 10 de octubre el administrador apostólico de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, realizó la visita canónica a la Unidad Pastoral de Huerta de Rey, una visita que estaba programada para el 2 de mayo pero que debido a la pandemia tuvo que posponerse.

 

Durante la tarde se hizo presente en las parroquias de Araúzo de Miel y de Huerta de Rey. Primero dedicó un cálido saludo a todos los presentes, presentándose como un miembro más de la comunidad y deseando conocerla y compartir su vida de pastor de esta Iglesia de Burgos.

 

Después presidió la celebración de la eucaristía, en la que quiso tener presentes a todos los vecinos del pueblo y también a los que nos precedieron en la fe. Tuvo un recuerdo especial hacia los otros pueblos, ya que debido a las circunstancias que nos están tocando vivir no pudo acercase a conocerlas, como son las parroquias de Quintanarraya, Peñalba de Castro, Hinojar del Rey y Doña Santos.

 

Se despidió deseando a todos felicidad y enviando un abrazo en la distancia, mostrando en todo momento cercanía, cariño y  sencillez.