Los patronos de la fundación de Las Edades del Hombre se dan cita en Salamanca

por redaccion,

<
>

 

El pasado martes se celebró en la catedral de Salamanca una reunión del patronato de la fundación Las Edades del Hombre, compuesta por los obispos de las diócesis de Castilla y León y a la que también acudió el arzobispo de la diócesis burgalesa, don Fidel Herráez Vegas. El acto contó con una visita a la exposición conmemorativa «Contrapunto 2.0» que alberga la Catedral Nueva en recuerdo de la exposición de las Edades albergada en el templo salmantino hace ahora 25 años.

 

Después, los miembros del patronato se congregaron en la capilla de Santa Catalina donde mantuvieron la reunión propiamente dicha. En ella, conocieron el balance de la última exposición «Mons Dei» de Aguilar de Campoo y abordaron otras cuestiones referentes a la fundación.

 

Al encuentro también asistió don Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos, como administrador apostólico de la diócesis de Ciudad Rodrigo.

El belén del Ejército vuelve con renovada ilusión a la Catedral

por redaccion,

<
>

 

El arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, ha bendecido esta mañana el tradicional belén que, cada año, el regimiento de Transmisiones de Castrillo del Val instala en la Catedral. Un «completo y hermoso nacimiento» –como lo ha definido– de más de 400 metros cuadrados que ocupa dos pandas del claustro bajo y la sala beato Valentín Palencia al completo y por el que pasan cada año miles de burgaleses (34.000 el año pasado) en el que es, sin duda, el montaje belenístico más visitado de la ciudad.

 

Tras más de un mes de intenso trabajo en la propia seo (sin olvidar el trabajo previo de construcción de edificios y arreglo de algunas figuras), y un transporte de material en cerca de 30 camiones del ejército, las 105 escenas que componen este belén monumental se han visto enriquecidas este año con nuevas figuras, como las que componen la «matanza de los inocentes», hasta superar las 2.100. Ademas, se han «tuneado» varias construcciones, como la de la Última Cena o Pentecostés, que cuentan ya con edificios «más acordes a lo que representan», tal como indica el teniente Enrique Menayo, coordinador del proyecto. También suman este año una réplica del castillo de Peñaranda de Duero, prestación de un particular. Todo, con una cuidada programación autómata de luces y sonidos en la que se han empleado más de 12 kilómetros de cables.

 

Belén solidario y ecológico

 

Entre las novedades de este año, el teniente Menayo subraya el intento del ejército por lograr que, cada edición, el belén sea más ecológico sin dejar perder su majestuosidad. Este año, por ejemplo, han sustituido los viejos cables unitarios por manqueras de quince pares, para evitar la instalación de numerosos metros de cableado; así como el intercambio paulatino de las luces incandescentes por iluminación led: «Tenemos mucho consumo que tenemos que reducir», comenta.

 

Además, el musgo que se observa este año en el montaje es natural, pero «de plantación casera, artesanal». El regimiento de transmisiones plantó el sobrante del año pasado y, a través de un sistema de planchas y un cuidado y riego especiales durante todo el año, ha evitado recolectar musgo nuevo del monte. Por su parte, el montaje se ha construido de modo más accesible para facilitar la visita a personas con discapacidad o movilidad reducida, creando pasillos de metro y medio de ancho y rampas mejor instaladas.

 

Por si fuera poco, el belén cuenta, como cada edición, con un fin solidario. El dinero recaudado a través de las entradas (un euro para los adultos) irá destinado a varias obras benéficas entre las que figuran, como siempre, los trabajos de restauración de la catedral. Además, este año se incorporan nuevos proyectos, como Cáritas Castrense, Fedisfibur, Anvo Africam y Asociación de las Calzadas.

 

El belén bíblico monumental podrá contemplarse hasta el 7 de enero en horarios de 12:00 a 14:00 por la mañana y de 17:30 a 21:00 horas por la tarde.

 

Más: Galería fotográfica del acto

El arzobispo visita las comunidades de la unidad pastoral de Pampliega-Los Balbases

por redaccion,

<
>

 

En el segundo domingo de Adviento, el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, continuó su visita pastoral al arciprestazgo de San Juan de Ortega, en este caso a la unidad pastoral de Pampliega – Los Balbases. Don Fidel recaló en Villamedianilla, Vizmalo, Villaverde Mogina, donde visitó la restaurada ermita de Nuestra Señora de la Vega.

 

El arzobispo se trasladó posteriormente a Vallunquera, Los Balbases, en cuyo templo de San Esteban celebró la Eucaristía, y visitó la Iglesia de San Millán y la ermita de Nuestra Señora de Vallehermoso. Igualmente se acercó a las localidades de Vallejera, Revilla Vallejera, Valles de Palenzuela y Villodrigo, pueblo de la provincia de Palencia pero perteneciente a la diócesis de Burgos, y donde celebró una eucaristía.

 

Además de charlar con los vecinos, el arzobispo conoció de primera mano la actividad pastoral que se realiza en esta zona de la provincia. El arzobispo concluirá la visita a esta unidad pastoral, que agrupa un total de quince parroquias, en torno al mes de mayo.

Hospederías, un viaje interior

por redaccion,

<
>

 

Ruido, prisa, incluso asfixia. Hiperconexión digital, saturación informativa, abandono del yo más profundo y también distanciamiento de la trascendencia. Quien más, quien menos, vive hoy inmerso en una sociedad estresante que puede llegar a hacerse insoportable. Algunos hacen el parón en un balneario o en un lujoso spa, recurren a un retiro de yoga o en unas cuantas sesiones de mindfulness, pero otros muchos prefieren renunciar a algunas comodidades de las que supuestamente disfrutan día a día y hallan su remanso de paz, y se encuentran «consigo mismos, con Dios y con el prójimo», en el silencio de un monasterio.

 

En nuestra diócesis más de una decena de monasterios cuentan con hospería, una tradición secular que hunde sus raíces incluso en la propia regla de algunos de ellos, como los Benedictinos, que, según la  línea marcada por san Benito (regla 53), abren sus puertas «para acoger a las personas y su propio corazón como al mismo Cristo». Al huésped no le esperan excesivas comodidades, habitualmente habitaciones austeras pero mucho más que dignas (por supuesto sí con calefacción, y casi todas con su baño completo y su mesa de trabajo), pero eso sí, una comida casera que todos alaban. Cada día, uno mismo tendrá que ocuparse del arreglo de su habitación, aquí no hay camareras de piso, suele requerirse la colaboración en el comedor e incluso se invita a participar en el cuidado de la huerta u otras labores de la comunidad. Pero si cada año pasan cientos de personas por estos peculiares albergues (algunos llevan repitiendo 30 años en el mismo monasterio), algo encontrarán o, quienes prueban por primera vez, algo andan buscando.

 

La mayoría de los huéspedes acuden a estos alojamientos en busca de un encuentro más íntimo con Dios, pero el abanico de perfiles es inmenso: solteros y casados de todas las edades, sacerdotes, parejas, grupos, e incluso familias, en algunos casos, dependiendo de las posibilidades de las instalaciones y las normas del lugar. El denominador común es la búsqueda de un espacio y un tiempo de sosiego, ya sea desde una visión creyente o no, para hallar un ambiente de reflexión y una calma interior que difícilmente se encuentra fuera.

 

Salvo excepciones, donde la posibilidad de dar alojamiento a los turistas se ha visto como una oportunidad para que la economía de los monasterios pueda sostenerse, las comunidades suelen advertir que su hospedería «no es un restaurante, ni una casa de descanso, ni un punto de partida para hacer turismo, ni un hotel». Son lugares que proporcionan un clima de paz que favorezca la búsqueda y la calma interior y donde se ofrece, a todo el que lo precisa, un acompañamiento espiritual.

 

En los claustros burgaleses se entremezclan tantos perfiles como en un andén de metro: opositores que necesitan un parón, personas que acuden para pasar su duelo por un ser querido, otras que se apartan para sanar una herida sentimental, un desengaño amoroso, estudiantes que intentan rematar su trabajo de fin de grado… Y por supuesto, los que buscan un mayor acercamiento a Dios, aunque en su día a día vivan la fe, aquellos que la dejaron un poco olvidada y ansían el reencuentro e incluso los que dan así su primer paso hacia el discernimiento vocacional.

 

Cada monasterio tiene sus pecularidades: la hospedería de Silos por ejemplo, solo admite a hombres. Lo que todas ofrecen es algo que ni el mejor balneario puede ofrecer: la posibilidad de respirar un ambiente de paz, de sosiego y silencio, y de compartir por unos días los valores de la vida monástica. Por supuesto, a nadie se obliga a participar en los oficios religiosos, aunque la mayoría de los huéspedes sí acuden a las eucaristías y al rezo de algunas de las horas litúrgicas (habitualmente, no más allá de las vísperas, hacia las 7 de la tarde, y bastantes de ellos a las completas, después de la cena). Después… a orar, a reflexionar o a dormir con la serenidad que no podrían conseguir en un hotel de cinco estrellas.

Aranda de Duero y Colombia, unidos por la Inmaculada

por redaccion,

<
>

 

Hacía varios años que la comunidad colombiana residente en Aranda de Duero honraba a Inmaculada Concepción de la Virgen María con la tradicional «noche de las velitas». Sin embargo, este año ha cambiado su habitual escenario hasta la fecha (la plaza Mayor) por el atrio de la iglesia de Santa María, donde el arciprestazgo de Aranda celebró anoche su tradicional vigilia en honor de la que es también patrona de España. El atrio y las escaleras del templo isabelino fueron escenario donde los colombianos dieron a conocer esta arraigada tradición que se remonta a 1854, cuando el país sudamericano colocó velas en las imágenes de la Virgen que había por calles y plazas tras la declaración dogmática de la Inmaculada por parte del papa Pío IX.

 

La vigilia en la capital de la Ribera estuvo presidida por el sacerdote Eduardo María Pérez y, además de la tradición de las velitas, contó con la celebración de una solemne eucaristía.

 

Inmaculada joven

 

De otro lado, la parroquia de San Lesmes Abad de Burgos acogió también anoche la tradicional vigilia diocesana en honor de la Inmaculada. Estuvo preparada por la comisión de pastoral juvenil del arciprestazgo de Burgos-Vena y presidida por Eduardo Dorado, sacerdote del recién formado equipo de la delegación diocesana de Infancia y Juventud. En torno al evangelio de la Anunciación, se reflexionó sobre el «sí» de María y se colocó un gran corazón en el altar, junto al cual cada uno de los presentes depositó su «pequeño sí».