Las parroquias de Gamonal se trans-forman

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La parroquia de Santo Domingo de Guzmán y el colegio de la Sagrada Familia de la capital han acogido en la jornada de hoy el encuentro arciprestal de Gamonal con el que las parroquias de esta zona de la ciudad han dado comienzo a su curso pastoral. Representantes de las quince parroquias de este arciprestazgo han acudido a esta cita que ha servido para dar a conocer el nuevo consejo arciprestal y ayudar a caer más en la cuenta del valor de la formación cristiana para lograr la conversión pastoral de fieles y parroquias para que sean cada vez más misioneras.

 

Tras el saludo y presentación de los asistentes, el arcipreste de Gamonal, Javier García Cadiñanos, ha explicado a los presentes la actual realidad del barrio y cómo las distintas parroquias trabajan desde la corresponsabilidad con proyectos pastorales compartidos. Seguidamente, Esther Díaz, representante de la HOAC en Miranda de Ebro y una de las responsables de formación de la entidad durante varios años, ha impartido la conferencia «Trans-formándonos en discípulos misioneros». Para Díaz el papel de la formación es crucial en la vida del cristiano, pues solo desde ahí se podrá lograr la transformación de la sociedad.

 

La jornada ha proseguido después con un trabajo en grupos y posterior puesta en común y diálogo con la ponente.

 

Para el arcipreste de Gamonal, con la jornada de hoy «hemos descubierto el porqué de nuestra formación básica cristiana, el para qué y el cómo, si queremos transformarnos en discípulos misioneros para esta nueva etapa evangelizadora a la que somos convocados desde nuestro plan diocesano de pastoral». «Este encuentro nos ha servido para relanzar nuestro deseo de acercarnos a este objetivo», ha insistido.

 

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Se cumplen 100 años de la coronación canónica de la Virgen de las Viñas

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Tras la propuesta realizada por Josefina Arias de Miranda (Camarera de la Virgen) y Alfonso Rozas (párroco de Santa María) al Ilustre Ayuntamiento de la Villa y a las autoridades eclesiásticas, numerosos arandinos entregaron oro y joyas para la realización de una corona para la Virgen de las Viñas. Con ilusión y esfuerzo lograron algo no muy común hasta la fecha: la coronación canónica de la patrona de Aranda de Duero. El entonces obispo de Segovia Remigio Gandásegui, presidió el 9 de septiembre de 1917 la solemne eucaristía de la coronación, a la que siguió una procesión con la imagen de la Virgen por la explanada del santuario.

 

El pasado domingo, los arandinos quisieron revivir aquel histórico acontecimiento, repitiendo los gestos que se llevaron a cabo hace ahora un siglo. El arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, presidió una solemne eucaristía a la que siguió una procesión con la imagen de la Virgen portada a hombros de forma extraordinaria, al contrario de como se hace en el día de su fiesta, sobre una carroza, por miembros de las asociaciones Arcos del Duero, bomberos y Protección Civil de la localidad y los propios cofrades de la Virgen de las Viñas.

 

Historia de devoción

 

Según la tradición, en el siglo XII se encontró en el monte Costaján una imagen de la Virgen procedente del monasterio de Santa María de Lara, que había sido escondida para protegerla de las incursiones árabes. La leyenda asegura que la Virgen se apareció a un labrador para decirle dónde habían escondido dicha imagen y señalarle dónde quería que se construyese la ermita. Ante la prueba de los racimos de uvas maduras que mostró el labrador a las autoridades, fue exhumada la imagen y se le comenzó a dar culto en una pequeña ermita levantada, se cree, en el lugar de la aparición. Se desconoce a ciencia cierta si el nombre de Virgen de las Viñas ya lo tenía la imagen cuando se la veneraba en el monasterio de la Peña de Lara, según mantienen algunos historiadores, o se la rebautizó popularmente por haberse aparecido en una viña.

 

Posiblemente la imagen original (que debía de ser de los siglos VII u VIII), se deterioró con el paso del tiempo y, por este motivo, se realizó una nueva que recordaba a la anterior, aunque siguiendo la estética del momento. La que se venera en la actualidad es una talla aproximadamente del siglo XIV, tallada en madera y policromada. A sus pies se sitúa la figura de un niño, conocida como «El Mediquín», que rememora uno de los milagros de la Virgen: cuenta la tradición que en época de la peste que asoló la ciudad, Nuestra Señora de las Viñas hizo aparecer a un médico que curó a los enfermos.

Visita pastoral a las Misioneras de Acción Parroquial y Religiosas de María Inmaculada

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El arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, comenzó en la jornada de ayer su visita pastoral a los religiosos de vida activa de la provincia, una tarea a la que dedicará los martes y jueves de cada semana. El objetivo, conocer la rica vida religiosa de la provincia, ahora también en su dimensión más apostólica, tras conocer, a los pocos meses de su llegada la diócesis, todos los monasterios de vida contemplativa.

 

En la jornada de ayer se desplazó hasta la zona sur de la ciudad para conocer la labor que realizan las Misioneras de Acción Parroquial, en el año que celebran su 75 aniversario desde su fundación por el que fuera arzobispo de Burgos, don Luciano Pérez Platero. Estas religiosas centran su actividad en el colegio María Mediadora, fundado en 1967 y donde se forman en la actualidad alumnos desde infantil a secundaria.

 

Más tarde, el pastor de la diócesis conoció el trabajo que realizan las Religiosas de María Inmaculada. Ubicadas en la calle Ramón y Cajal de la capital, estas religiosas centran su actividad apostólica en una residencia para jóvenes, centro social y academia nocturna.

 

En la diócesis trabajan un total de 16 congregaciones de vida activa masculinas y otras 33 femeninas. En total suman 68 comunidades.

Comienza el curso en el Seminario diocesano de San José

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Con una comida de seminaristas y familiares daba comienzo en la tarde de ayer el curso académico 2017-18 en el Seminario San José. La eucaristía de inauguración junto con los profesores tendrá lugar mañana martes 19 de septiembre presidida por el arzobispo, don Fidel Herráez.

 

En el Seminario Menor estudiarán este curso 15 adolescentes, uno más que el año pasado. En el Mayor vivirán 10 teólogos contando dos seminaristas de Burundi, uno de Soria y uno de La Rioja. Además, la diócesis cuenta con otro seminarista mayor, diácono, realizando estudios en el Colegio Español de Roma. A esto hay que sumar el Seminario diocesano misionero Santa María la Mayor.

Marcando el inexorable paso de la historia

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Parece que tiene el rostro enfadado, quizás por ver correr el tiempo que incluso él mismo es incapaz de detener. Los minutos, las horas y los siglos pasan inexorables y él, con puntualidad milimétrica, indica a todos los que miran hacia esa ojiva elevada que el tiempo vuela. El Papamoscas es casi tan famoso como la Catedral que lo alberga, figura grotesca que visitantes y foráneos no dejan de contemplar cada vez que, a la hora en punto, hace sonar su campana abriendo la boca al ritmo de los tañidos.

 

El campanero Antonio Cano es el encargado de vigilar que el popular personaje dé las horas a su tiempo. Responsable del cuidado de las campanas de la seo, cuida del mantenimiento de la compleja mecánica que se oculta tras el reloj.

 

Con toda probabilidad, el Papamoscas estuviera en la Catedral entrado el siglo XVI. Según los documentos, en 1567 el Cabildo mostró su satisfacción a maese Pedro Relojero por la fabricación de un autómata que pagó por 1.325 maravedíes. Sin embargo, no fue este el primer reloj que tuvo la catedral. Las crónicas hablan ya de uno en 1384, realizado por el abad de San Millán y que costó 4.500 maravedíes pagados entre el Cabildo y la ciudad. Desde entonces, aquel reloj, instalado en el exterior de la torre norte de la catedral, tal como reflejan varios grabados, marcó la hora oficial de Burgos.

 

Casi un siglo después, en 1462, en varios documentos se amonesta al campanero de la Catedral porque aquel reloj «non andaba cierto». Así que, desde entonces, la Catedral contó con un relojero oficial, liberando del trabajo de dar cuerda a su mecanismo al campanero. En el siglo XVI, y siguiendo la moda de otras grandes catedrales europeas, el Cabildo optó por construir uno con movimiento escénico. Parece que el proyecto de un monje golpeando al toque de campana a un muchacho no agradó y el Papamoscas se convirtió en la opción elegida, siendo remodelado en 1743 y recientemente con las obras de rehabilitación integral de la Catedral, cuando el trabajo de los contrapesos fue sustituido por una instalación eléctrica, aun manteniendo su maquinaria original.

 

A pesar de su confusa historia, nadie mejor que este personaje con casaca roja y singular gorro sabe de los entresijos que guardan los siglos de nuestro primer templo. Sea como fuere, seguirá marcando inexorable las horas, contando los minutos que quedan para celebrar el octavo centenario de la Catedral.