El arzobispo visita la mezquita Attaqwa

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El pasado viernes 19 de mayo por la tarde el arzobispo don Mario Iceta se reunió con la comunidad musulmana de la mezquita Attaqwa en Burgos. Estuvo acompañado por los delegados diocesanos de Relaciones Interconfesionales y Migraciones, del Vicario pastoral y miembros de algunos grupos cristianos.

 

Se trató de un momento de encuentro y diálogo, en el que enseñaron al arzobispo los locales y el funcionamiento de esta comunidad en la ciudad. La cita concluyó compartiendo un té con pastas ofrecido a todos los presentes. Además, la junta directiva de la mezquita Attaqwa quiso obsequiar a D. Mario con un ejemplar bilingüe del Corán (árabe-español) y con un cuadro representando una iglesia y una mezquita de Tierra Santa, realizado por una joven allí presente.

 

Esta visita está enmarcada en la reunión que mantuvo el arzobispo con miembros de la comunidad musulmana el pasado mes de marzo en la Casa de la Iglesia y que pretendía retomar el contacto que ya inició el arzobispo emérito don Fidel Herráez en el año 2016. Se trata de una iniciativa que busca favorecer el diálogo y las relaciones entre estas dos religiones. Don Mario ha valorado la importancia de este encuentro, así como los que de vez en cuando se promueven entre parroquias y mezquitas, realizados por el Grupo de diálogo cristiano-musulmán creado en 2008. Hay muchos campos en los que los creyentes de las dos religiones «podemos colaborar y coincidir en la búsqueda de la fraternidad universal», tal y como escribe en su encíclica Fratelli tutti el papa Francisco.

Lectores y acólitos para madurar la vocación

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Aunque es un ministerio que desde hace poco tiempo pueden asumir todos los bautizados (hombres y mujeres), lo cierto es que para los seminaristas tiene una connotación especial. Recibir el lectorado y el acolitado supone para ellos un paso más en su camino al sacerdocio y una familiaridad más íntima con los que serán, en el futuro, dos de los ejes sobre los que gire su ministerio, la Palabra de Dios y la eucaristía.

 

Así lo sostiene Ismael Sáez, para quien el lectorado le impulsará a leer con más seriedad la Palabra de Dios y poderla comunicar a los demás. «No es un simple paso más, es una forma de ir creciendo hacia esa meta que, si Dios quiere, será el sacerdocio», explica. «Es un servicio, una misión que la Iglesia me confía para proclamar la Palabra de Dios y vivirla y testimoniarla en primer lugar».

 

Para Alejandro Sánchez, otro seminarista que también ha sido instituido lector, «la Palabra de Dios sirve para contrastar nuestra vida. Al configurar nuestra vida con Cristo, la Palabra de Dios nos ayuda a descubrir e imitar en nuestro día a día las actitudes que tuvo Jesús», indica.

 

Ambos, junto a Jesús Daniel Riera, Egide Ndayikengurukiye y Népomuscène Ndihokubwayo, han recibido la encomienda eclesial de leer y proclamar la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas y de enseñarla al pueblo fiel en ámbitos de catequesis y formación. Por su parte, Guillermo Pérez, Isac Godinho y Rodrigo Camarero han sido instituidos acólitos, con la tarea de servir al altar, distribuir la sagrada comunión como ministro extraordinario, exponer públicamente el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles sin impartir la bendición e instruir a los fieles que ayudan en las acciones litúrgicas.

 

Ha sido el arzobispo quien ha presidido la eucaristía de colación de estos ministerios en la capilla del Seminario. Don Mario Iceta ha asegurado que «el Cielo es nuestra patria verdadera». En el marco de la fiesta de la Ascensión del Señor, ha recordado que «así como Cristo fue enviado por el Padre, así somos enviados nosotros a proseguir con su misión de hacerle presente en nuestro mundo sin desentendernos de su progreso». «Y hoy os envía a vosotros a ser sus misioneros», ha exhortado a los seminaristas.

 

«La Palabra de Dios es la luz segura que ilumina nuestros pasos en estos tiempos difíciles», ha recordado a los nuevos lectores, mientras ha dicho a los acólitos que su tarea es «servir al altar, celebrar su presencia en el pan y el vino». En la semana previa a Pentecostés también ha solicitado que pidan cada día uno de los siete dones del Espíritu Santo, para que el «día de Pentecostés pueda reventar las puertas de la Iglesia y sea más cercana a nosotros la presencia del Reino de Dios».

«El principio de protección del menor tiene que estar en el centro de nuestra conducta»

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Burgos fue una de las primeras diócesis en España que elaboró protocolos de prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia. En 2019, se puso en marcha una oficina de protección de menores y personas vulnerables que hayan sido víctimas de tales agresiones. Este departamento pretende no sólo recibir denuncias de casos que se hayan producido en ámbito eclesial, sino también de víctimas de cualquier tipo de violencia en otros lugares. Además, trabaja por la «absoluta erradicación de este tipo de conductas a través de la prevención», tal como explica su actual directora, Mercedes Hernández.

 

«La oficina avanza hacia la consecución de un objetivo fundamental: que estas conductas no se vuelvan a producir. No podemos hacer desparecer el pasado, sólo podemos pedir perdón y hacernos cargo de las consecuencias de estas conductas. Lo que sí debemos exigir y lo que tenemos como objetivo y propuesta decidida es que estas conductas no se produzcan más», subraya esta abogada. En esta clave, insisten en «la prevención, la identificación de signos reveladores de abusos y la puesta en marcha de prácticas para que nuestros espacios sean entornos seguros». «El objetivo de la Iglesia es la tolerancia cero de estas conductas», insiste.

 

Por eso, esta oficina ha puesto en marcha un curso de formación obligatoria para los sacerdotes diocesanos, donde se les trasladan algunas buenas prácticas para evitar abusos y se les ofrecen pautas para saber detectar posibles casos y cómo actuar ante ellos. El curso, en el que ya participaron ayer algunos sacerdotes y se repetirá en otras dos sesiones, conjuga elementos jurídicos, psicológicos y éticos.

 

A través de esta formación, los sacerdotes conocen algunos indicadores para detectar si alguien pudiera estar siendo víctima de abusos o si alguien podría ser un posible agresor. También –y en el marco de la legislación civil y canónica– se les trasladan una serie de «buenas prácticas» a implementar con los responsables de las acciones pastorales en parroquias y centros de tiempo libre, como la política de puertas abiertas, la formación de los agentes de pastoral (que deberán acreditar un certificado negativo de delitos de naturaleza sexual), la creación de delegados de protección en sus actividades y la obligación de denunciar a la fiscalía la detección de posibles casos.

 

Para Mercedes Hernández, «el principio de protección del menor tiene que estar en el centro de nuestra conducta a través de la atención continua y en todo momento, el cuidado y el respeto». «Tenemos que hacer ver que la vida del niño es un regalo para toda la comunidad, sus padres confían en nosotros y nosotros hemos de responder a esta confianza».

 

«La voluntad de la Iglesia es la protección de la víctima, la solicitud de perdón, el acompañamiento en el plano psicológico, espiritual y en la reparación», insiste la abogada. Y para lograrlo, hay que «partir de los principios evangélicos que ponen la persona en el centro», «respetando su dignidad y la denuncia de sus situaciones de vulnerabilidad». Son las líneas de acción que están inspirando toda la actuación de la Iglesia, desde el Papa a las conferencias episcopales y diócesis de todo el mundo: «la búsqueda activa y eficaz para que esto no se produzca nunca más».

Promover el encuentro con Jesús en una Iglesia sinodal y evangelizadora

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«Promover el encuentro con Jesús en una Iglesia sinodal y evangelizadora». Es el gran objetivo que pretende conseguir el próximo plan diocesano de pastoral, que marcará las líneas de acción en la archidiócesis durante los próximos cuatro años. La nueva hoja de ruta para la Iglesia local quiere implementar las 165 propuestas acordadas en la última Asamblea Diocesana, inspirando el quehacer de todas y cada una de las parroquias, unidades pastorales, arciprestazgos, grupos y comunidades.

 

El Consejo Diocesano de Pastoral, el organismo consultivo encargado de velar por la marcha de la Asamblea, ha trabajado en su última sesión las líneas maestras del próximo plan de acción. Tras los trabajos de su última reunión ordinaria, y haber recibido varias propuestas de mejora, los miembros del consejo han debatido hoy sobre la redacción y puesta en marcha del nuevo plan, que tendrá como eje transversal los tres grandes bloques temáticos abordados en la Asamblea: Renovar el encuentro con Jesús, hacer misioneras las comunidades y hacer presente el Reino de Dios en medio del mundo. Se espera que pueda aplicarse el próximo mes de septiembre.

 

El nuevo plan tendrá, además, varias prioridades a trabajar cada año. Así, durante el próximo año se hará hincapié en potenciar el primer anuncio; el acompañamiento será la línea de fuerza para el curso 2024-2025; la formación para el año 2025-2026 y la presencia pública de la Iglesia de 2026 a 2027. El plan también prevé un seguimiento y evaluación continua, a través de unos indicadores que determinen su impacto evangelizador.

 

Los miembros del consejo también han reflexionado sobre la reestructuración de las delegaciones y organismos diocesanos y la coordinación entre los mismos. Igualmente, se ha informado sobre el encuentro sinodal diocesano de Pentecostés que se celebrará el 27 de mayo y la eucaristía por los frutos del Sínodo de obispos que tendrá lugar el 31 de mayo.

La Virgen María, aurora de Cristo

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Era sábado. A pesar de no tener que trabajar, el madrugón y el frío, miles de personas han secundado un año más la llamada de la Virgen de Fátima y han acudido fieles a la cita con el Rosario de la Aurora. Puntual, a las 6:30 de la mañana ha comenzado la procesión con la imagen de la Virgen que, entonando hoy los misterios gozosos del Rosario, ha seguido un recorrido más breve que en otras ocasiones, esta vez por las calles de La Paloma, Laín Calvo, Cardenal Segura, Plaza Mayor, plaza de Mío Cid y paseo del Espolón hasta llegar al punto de partida.

 

Al finalizar la procesión, la catedral ha acogido la celebración de una eucaristía. En su homilía, el arzobispo ha señalado que María es como «el centinela que anuncia la salida del sol», que es Jesús. Para don Mario Iceta, el Rosario de la Aurora es como una metáfora con la que el Pueblo de Dios espera el banquete de la eucaristía. «María, estrella de la mañana, guía al pueblo a Cristo, el sol de santidad». «Nuestra vida es una peregrinación y aguardamos de la mano de María al sol que ilumina nuestras vidas».

 

El pastor de la archidiócesis también ha recordado que el mensaje de Fátima es una llamada a la conversión: «El mundo no conoce el rostro amoroso de Cristo; la mundanidad se construye al margen de Dios e, incluso, contra Dios». Muestra de ello, ha señalado, son «las legislaciones que no respetan a Dios ni la vida naciente ni el fin de la vida; un mundo que no tiene futuro, porque solo Dios es la fuente de la vida. Por eso el mensaje de Fátima nos pide hacer penitencia y convertir nuestras vidas».

 

«Es un día para agradecer la maternidad de María y poner en su regazo lo que nos inquieta, ocupa y preocupa y pedirle que acompañe nuestro caminar llenándolo de luz y esperanza», ha concluido.