Los sacerdotes del Prado centran su atención en la discapacidad intelectual

El encuentro se desarrolló en la sede de la Institución Teresiana.

El encuentro se desarrolló en la sede de la Institución Teresiana.
Según destacan desde Encuentro y Solidaridad, «es tarea nuestra continuar en esta defensa de la dignidad humana». En este sentido están trasladando distintas propuestas al Ayuntamiento para que esta rica herencia sea conocida por los estudiantes y la ciudadanía en general. Para ello se está planteando instaurar un premio internacional para defensores de los derechos humanos hoy, hacer patente la importancia histórica del convento de San Pablo y que esta dimensión sea destacada en las exposiciones y eventos conmemorativos del VIII Centenario de la Catedral.
El monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos ha sido el lugar donde cerca de 120 personas del arciprestazgo de La Sierra participaron el pasado sábado en una jornada de oración y encuentro con Dios para preparar el tiempo litúrgico del Adviento. Una jornada que repiten este año ante el éxito de la última edición.
El retiro corrió a cargo del sacerdote fray Carlos Palacios, párroco de Vizcaínos y servicios, enmarcando las dos charlas en torno a los profetas y a las cuatro semanas de este tiempo litúrgico. En sus disertaciones, trasladó a los presentes diez claves para vivir intensamente el Adviento.
El retiro concluyó con la celebración de la eucaristía en la iglesia del monasterio, el rezo de la hora de sexta con los monjes y con una comida de fraternidad.

Magdalena de Vallejo Sancho de Sopranis nació en Buenos Aires en 1950, aunque vive en España desde los 15 años y desde 1984 en Burgos capital. Maestra de profesión, ha ejercido en varias localidades de la provincia como Aranda, Belorado, Santibáñez Zarzaguda y Hontoria de Valdearados, así como en varios colegios de la capital. Pertenece a la parroquia San Rafael Arnáiz, pero desarrolla su actividad en la Real y Antigua de Gamonal. Es catequista, pertenece al Camino Neocatecumenal y es voluntaria de Cáritas. Está casada y tiene dos hijos, uno de los cuales se encuentra en misión ad gentes en Miskoll (Hungría), llevando la palabra de Dios a las personas no creyentes.
Sus padres eran españoles, él de la localidad gaditana de El Puerto de Santa María y su madre de Sevilla. A ella le gustaba mucho España y decidieron venir, aunque murió pronto, lo que desató en Magdalena una tremenda crisis de fe. «Fue un accidente, a mi madre la atropelló un coche y falleció, aquello fue tremendo porque me enfadé mucho con Dios, me costaba mucho aceptar la voluntad del Señor, no podía aceptar que se llevara a mi madre. Le ofrecí a Dios dedicarle mi vida, pero mi madre murió y estuve en crisis durante un tiempo».
Pero de pronto su vida dio un giro, relata. «Un día fui a misa a la iglesia de Gamonal, estaba con la maleta preparada para irme de casa, en plena crisis matrimonial, buscaba algo nuevo, conocer gente diferente. Y escuché el anuncio de unas catequesis de la comunidad neocatecumenal y me apunté. Aquello supuso un antes y un después en mi vida, porque todo cambió. Descubrí que el problema era yo, y me encontré con Jesús y con su amor, que nos quiere tal y como somos. Asistí a las celebraciones de la Palabra y me di cuenta que no había ningún problema en mi casa, era yo, y mi carácter fuerte, la causante de todo. El Señor me ayudó y me dio las gracias para encontrar la felicidad y la seguridad en mi vida. Primero pedí perdón a mi marido y él me lo concedió. Gracias a Dios conocí el perdón de los pecados y cómo se nos perdonan en la medida que también nosotros somos capaces de perdonar. El Señor ha ido modelando mi persona, porque yo era muy complicada y, con su ayuda, he ido cambiando».
Hoy asegura que la comunidad es su familia: «con ellos puedo contar siempre, puedo explicarles mis problemas, abrirme con total confianza. Me van a decir la verdad, aunque duela. Con mis hermanos de comunidad me siento segura, porque el fundamento de nuestra unión es el amor de Dios, no nos une nada más y nada menos que el Señor, que ha sido capaz de reconstruir mi vida, salvar mi matrimonio, darme fuerza ante las dificultades, en las enfermedades de mi hijo y mi marido. Ha sido un pilar en mi vida».
Para Magdalena «Dios es un padre que me ama infinitamente, que no pide nada a cambio y que siempre va por delante ofreciendo su amor. Un Dios que me ama tal como soy, con mis dudas y mis defectos, y no me pide ningún compromiso, me concede las cosas por su gracia, no por mi esfuerzo».
Haber conseguido transmitir la fe a sus hijos no es mérito suyo, asevera. «Es el pago del ciento por uno del Señor, porque no ha sido nada fácil, ya que mi hijo en principio se rebelada contra mí y no quería saber nada de la Iglesia. Fue una situación tensa y yo le obligué a asistir a catequesis. Ahora me lo agradece, pero fue complicado, hasta que Dios me concedió su conversión, que fue con motivo de un viaje del papa Juan Pablo II a Loreto, al que asistió y vino totalmente cambiado. Él mismo reconoce que aquello fue un encuentro con el Señor, que puso rumbo a su vida».
Y ahora ese hijo se encuentra en misión ad gentes en Hungría con su esposa y sus ocho hijos. «Ya lleva cuatro años y está muy feliz de evangelizar en ambientes no creyentes. Su vida no es fácil porque el trabajo que encontró al principio fue muy duro y precario, aunque ahora ha mejorado un poco. Me comenta que tiene un gran recuerdo de unos compañeros de trabajo, de raza gitana, con los que ha estado y que lloraron cuando cambió de empleo y los dejó. Ellos no entendían que una familia con trabajo fijo en España y que lo tenía todo lo haya dejado para evangelizar y llevar a Cristo a los no creyentes. A mí me parece muy hermoso lo que está viviendo, aunque a mi marido le cuesta entender que se hayan ido de aquí».
Actualmente está inmersa en la puesta en marcha de un proyecto de Pastoral de la Salud en la parroquia. «Se trata de visitar y ayudar a las personas que están en casa enfermas y necesitan compañía, ayuda o simplemente que alguien las escuche, que es muy importante. A mí siempre me ha parecido ver a Jesús en los enfermos y una misión importante con ellos es hacerles comprender que el sufrimiento que padecen tiene sentido».

Los alumnos asumieron hábitos saludables como comer fruta en el recreo. Foto: Colegio San Pablo.
Fomentar hábitos saludables en los alumnos no solo tiene una recompensa en la salud de éstos; también es algo que merecido un premio por parte del Ministerio de Educación. Todo comenzó cuando el colegio Apóstol San Pablo decidió asumir una serie de buenas prácticas tales como el consumo de fruta en los recreos, llevar en la mochila únicamente lo necesario para cada día y evitar que la espalda se resienta u otras iniciativas en las que se han inculcado valores como la concienciación ante la contaminación, talleres de primeros auxilios, desayunos saludables, hidratación o educación vial. Todas estas iniciativas se engloban en el proyecto «Creciendo en salud», que ha contado con la participación de toda la comunidad educativa del centro.
De esta manera, el colegio entró en el Concurso Nacional de Buenas Prácticas que promueve el Misterio de Educación, y por ello ha recibido un premio de 10.000 euros en el apartado de «Salud Integral», cantidad que, en principio, estará orientada a ayudar a las necesidades de las familias, aunque aún no se ha decidido en qué forma se hará. El objetivo de este concurso es reconocer a aquellos centros docentes desarrollan proyectos educativos que contribuyan a la mejora de la calidad educativa.