Hallan la «capilla perdida» de la Catedral

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capilla perdida

 

Hace varias semanas comenzaron en la catedral las obras del tan ansiado sistema de climatización. Energanova, la empresa encargada de ejecutar el proyecto, realizó un estudio del subsuelo de la seo a fin de utilizar los antiguos sistemas de ventilación del templo como vías de transporte de aire caliente que permitieran elevar la temperatura del templo hasta los aproximadamente 15 grados. Comenzada la obra, la pasada semana, los obreros encontraron un pasillo contiguo al viaducto que les condujo hacia un habitáculo desconocido, al menos en parte; hecho que ha retrasado la puesta en marcha del sistema de climatización, esperada para finales de noviembre.

 

Hechas las investigaciones oportunas y estudiados viejos archivos custodiados en la sala capitular del templo gótico, el cabildo catedralicio ha asegurado esta mañana en rueda de prensa que el habitáculo encontrado podría ser, «casi al 100 por cien» la habitación donde el obispo Mauricio el y rey Fernando III el Santo intercambiaban los famosos cromos de la catedral. Según el presidente del cabildo, «algunos archivos indican que existían estos encuentros para el cambio de las pegatinas entre el rey y el obispo», si bien «nunca se ha sabido a ciencia cierta de qué lugar se trataba». Según algunos historiadores, Beatriz de Suabia también hacía la colección y pudo acudir en alguna ocasión hasta la que ya se conoce popularmente como «capilla perdida». Algunos sostienen que el intercambio de cromos dio pie al obispo y al monarca para diseñar «la mejor catedral gótica del mundo».

 

Al parecer, era el lugar más caluroso del templo en los fríos meses de invierno, de ahí que el prelado y el monarca utilizaran el espacio como lugar de encuentro y de intercambio de los cromos. Aunque el acceso al habitáculo «es por ahora complicado», el cabildo estudia permitir en breve el acceso al lugar a visitantes y turistas, que se multiplicarán por miles en los próximos meses con la apertura del Año Jubilar con motivo del octavo centenario del templo gótico.

 

Hoy es un día para gastar bromas, no te tomes a mal esta pequeña inocentada. Ojalá que este día nos ayude a no sumergirnos en la «globalización de la indiferencia» y que nos impliquemos en solucionar las muchas injusticias que sufren tantos inocentes en nuestro mundo.

«La auténtica acogida a los inmigrantes es la que nace del corazón de las personas»

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GALO (1)

 

Fue en 2001 cuando Galo Humberto Cabezas decidió venir a España para mejorar su calidad de vida, y tras permanecer un mes en Madrid, llegó a Burgos, donde reside la hermana de su esposa. Sus primeros meses fueron muy duros, con precariedad absoluta. Actualmente cuenta con empleo estable como soldador y también es profesor de patinaje en línea. Vive con su mujer y sus dos hijos, el último nacido en Burgos. Pertenece a la parroquia de San Pablo y asiste a las reuniones para la formación de un grupo de pastoral con inmigrantes en la Real y Antigua de Gamonal.

 

Galo Humberto ha vivido una experiencia de acogida muy dura en su inicio, «pero muy provechosa después, porque Dios nunca abandona y en las situaciones difíciles me ha rescatado y me ha ayudado tanto a mi como a mi familia». No siempre fue católico, ya que el mismo relata que nació en la religión evangélica y estuvo en ella hasta los 11 años, cuando decidió salirse porque no le gustaban algunos comportamientos de un tío suyo que era pastor en esta religión. «Estuve sin ninguna práctica religiosa hasta los 15 años cuando tomé contacto con la religión católica a través de mi novia, que ahora es mi mujer, con la que asistía a algunas ceremonias, como misas, bendiciones de casas, etc…y la fe católica creció en mi». Con esta fe se vino a España, con la idea de que llegar a este país era encontrar «el cielo y las estrellas», pero cuando llegó la realidad es que «las estrellas están en el suelo»: «Marchar de tu país es muy duro, dejar atrás a familia y amigos es doloroso, y cuando llegas a otro país, percibes que no es un paraíso dorado, yo lo pasé muy mal»

 

 Llamada a Dios

 

En España, Galo Humberto se encontraba sin trabajo y sin dinero, y entonces decidió acudir a la parroquia de San Lorenzo.: «Fue por casualidad, porque siempre me han gustado las iglesias grandes y además me lo aconsejó una persona, y porque Dios lo quiso así». Allí le atendió el padre Gregorio, que le ayudó económicamente para que pudieran comer dignamente cada día, «porque a mi no me daba el dinero que tenía para comer y pagar el alquiler, en una casa con cuatro habitaciones, en la que vivíamos 22 personas. El padre Gregorio fue el primero en acogerme y le estoy muy agradecido, pero no era una solución a largo plazo, porque no había venido a España para vivir de la caridad, yo quería trabajar y ganarme mi sueldo».

 

También acudió a instituciones como Cáritas y Burgos Acoge, pero a través de ellos no pudo obtener ningún trabajo. El tiempo pasaba y se desesperaba cada vez más… «Y entonces hice una llamada a Dios y la Virgen era una oración desesperada de ayuda, porque necesitaba trabajar y tener algún ingreso. Había puesto algunos anuncios en los que ofrecía mi trabajo como mecánico o carpintero, aunque mi especialidad es soldador, porque soy maestro industrial, y la petición fue atendida. El mismo día recibí la llamada por uno de los anuncios de carpintero que había puesto. Era una señora que se llama María a la que nunca podré olvidar ni agradecer lo que hizo por mi y por mi familia. Ella necesitaba unos armarios y me los encargó a mi. Al verme enseguida supo que era una persona necesitada y me adelantó el dinero, me entregó 30.000 pesetas, que entonces salvaron mi situación, yo le di un abrazo llorando porque no me lo podía creer. Ella me dijo, que tenía varios anuncios a los que llamar para encargar los armarios, pero que también pidió a la Virgen que fuera a una persona necesitada, y así fue».

 

Acogida con el corazón

 

A través de María, Galo Humberto pudo conocer a más gente que se prestaron a ayudarle, y no deja de mostrarse agradecido: «Gracias a ellos, que también son católicos, ahora trabajo en lo que más me gusta como soldador, además con un empleo estable que me permite vivir dignamente con mi familia. Ha sido lo mejor que ha pasado en mi vida».  Resumiendo su experincia como inmigrante de acogida, Galo Humberto reconoce una parte dolorosa y otra feliz, y explica que «si a Dios le pedimos, creo que nunca nos abandona, hay que pedir más veces a Dios y a la Virgen las cosas que necesitamos». También señala que es importante comprender que la acogida a extranjeros no se soluciona en las instituciones, «sino que se encuentra en el corazón de las personas del país o la ciudad a dónde llegamos». «Yo he encontrado en Burgos personas con un gran corazón y amor al prójimo, como nos pide Jesús, personas que me han acogido, que sin conocerme ni buscar nada a cambio, me han ayudado. A mi me gustaría también ayudar a otros, porque creo que es lo que Dios me pide en estos momentos. Deseo colaborar con Cáritas o con alguna parroquia, para aportar mi experiencia en la acogida y ayuda a los inmigrantes, porque yo lo he vivido en primera persona».

 

«Huerta Molinillo»: Lograr una tierra mejor cultivando evangelio

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Mucho antes de que Greta Thunberg se convirtiera en un icono mundial y mediático contra el cambio climático e incluso antes de que el papa Francisco alertara de la necesidad de lograr una «ecología integral» en el planeta –la «casa común», como él la llama–, nacía «Huerta Molinillo», un proyecto de soberanía alimentaria que busca el respeto del medio ambiente (sus productos son 100% ecológicos) y una relación directa y cercana entre el agricultor y el consumidor. La iniciativa tomaba el nombre de la calle de Burgos donde nació el proyecto que, siete años después de su puesta en marcha, ha crecido hasta el punto de gestionar algo más de una hectárea de terreno en Rabé de las Calzadas, adquirida recientemente mediante una campaña de crowdfunding.

 

Y es que la solidaridad ha sido siempre la base de «Huerta Molinillo». Sus 190 socios pagan una cuota anual haciendo sostenible económicamente la viabilidad de proyecto y asegurándose la entrega durante 50 semanas al año de una cesta de verduras de temporada de unos seis kilos de peso. Los socios reciben a lo largo del año, además, otras cinco cestas de madera con productos menos perecederos, como calabazas o patatas.

 

Detrás de esta curiosa propuesta están Isabel Díez Espina y Rafael Martínez Amor, dos cristianos comprometidos pertenecientes a la asociación Promoción Solidaria y que entienden que su vocación como laicos debe responder a las graves problemáticas del ser humano desde el evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. Ambos estaban en paro cuando nació la iniciativa y pusieron en marcha «Huerta Molinillo» con una clara intención: «Queríamos que nuestra nueva salida profesional fuera transformadora y que propusiera al mundo nuevas formas de hacer economía», asegura Rafael, ingeniero técnico agrícola de formación.

 

Según argumenta, el actual sistema agroalimentario a nivel global hace que mucha gente pase hambre en el mundo mientras unas pocas multinacionales se benefician en una clara «perversión de la economía», como la definía Juan Pablo II. No en vano, un tercio de los productos de la tierra y los peces recogidos de mares y ríos acaban cada año en la basura por un sistema de comercialización que empuja a comprar por encima de nuestras necesidades.

 

Para Martínez, consumir es más que un acto económico, es un «acto moral» pues «eligiendo qué compramos, dónde compramos y a quién compramos estamos eligiendo muchas veces favorecer un sistema en el que muchos países del mundo están explotando a hermanos nuestros y no les están dejando disfrutar de sus recursos naturales».

 

Por ello defienden que para que un producto sea ecológico no solo tienen que cumplir con una serie de requisitos «verdes», sino también lograr que el compromiso sea global: «Muchas veces es más barato comprar un kiwi de Nueva Zelanda o unas alubias de Marruecos porque no se respetan los derechos de sus trabajadores o porque allí se usan fitosanitarios que aquí están prohibidos porque no son respetuosos con el medio ambiente».

 

Por ello, en Huerta Molinillo apuestan por «una ecología integral». Para ello procuran «mejorar la calidad del suelo, haciendo compost para dejar una mejor tierra a nuestros hijos, utilizar cuerda natural en vez de bridas y usar plásticos que sean biodegradables». Junto a ello, se afanan en conquistar unas condiciones laborales dignas para sus trabajadores, entre los que se encuentra Dominique, un burkinés que llegó a nuestro país en patera, o Lamine, un agricultor de Guinea Conakry: «Queremos compatibilizar trabajo y familia, nuestra vida laboral con otras facetas, como la dimensión comunitaria con nuestros hermanos de Promoción Solidaria, la formación o, por qué no, cuidar nuestra vida espiritual», argumenta Rafael mientras detalla que desean convertirse en cooperativa, pues, dice «queremos que sea un proyecto de todos».

 

Además, Martínez señala también la relación directa que mantienen con sus «clientes», con los que existe siempre un trato cercano: «Para nosotros es importante conocer sus nombres, sus problemas, compartir alguna receta… También hacemos un día de convivencia, reconocemos el trabajo de otros campesinos… creamos sociedad», en definitiva.

 

Todo, para lograr unas verduras que, además de ser ecológicas y cultivadas con mimo, tienen sabor a evangelio: «Somos cristianos. No metemos el Nuevo Testamento dentro de las cestas», bromea, «pero esto también nos sirve como lugar para la evangelización, pues con el modo de hacer las cosas y de relacionarnos ya estamos anunciando al mundo cómo entendemos ser cristianos».

Estrellas para recordar la alegría del nacimiento de Jesús

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Participantes de «Sembradores de estrellas» de anteriores ediciones.

Participantes de «Sembradores de estrellas» de anteriores ediciones.

 

Como cada año, la iniciativa «Sembradores de estrellas» vuelve a ponerse en marcha. Es ante la llegada de la Navidad cuando numerosos niños de la diócesis salen a las calles y plazas para felicitar las fiestas a quienes encuentren a su paso y, en nombre de los misioneros, recordarles que «Jesús nace para todos».

 

De esta manera, los arciprestazgos de Vena y Vega de la capital celebrarán «Sembradores de estrellas» mañana sábado 21, comenzando con un acto conjunto de envío a las 11:00 horas en la parroquia de San Nicolás de Bari. Por su parte, el arciprestazgo de Gamonal tendrá su celebración conjunta en la parroquia de San Juan Evangelista también a las 11:00 horas. En Medina de Pomar, en cambio, sembrarán estrellas esta misma tarde a las 18:00 horas, cuando salgan a esa hora del monasterio de las Clarisas; mientras que en la vecina Villarcayo el acto será el lunes día 23, al igual que en Salas de los Infantes.

 

Felicitación en nombre de los misioneros

 

«Sembradores de estrellas» es una iniciativa de Infancia Misionera que arrancó hace más de 40 años como idea del jesuita Xavier Illundain en la diócesis de Madrid. La idea era sencilla: animar a los niños de parroquias y colegios a salir por las calles de la ciudad felicitando la Navidad a quienes encontraran a su paso en nombre de los misioneros. Para ayudarles en esa misión, unas pequeñas estrellas que pegarían en las solapas de los abrigos de quienes se cruzaran en su camino con una sonrisa y un deseo de feliz Navidad para todos. Así, los niños expresan la buena noticia de Jesús y llevan la alegría a las calles, convirtiéndose en pequeños misioneros que recuerdan a los vecinos el verdadero sentido de la Navidad.

Los profesores de Religión celebran su tradicional encuentro navideño

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El pasado lunes, los profesores de Religión en los centros públicos y concertados de la provincia se dieron cita en el Seminario de San José para participar en su tradicional retiro de Adviento, poniendo así «una pausa al ritmo frenético de estas fechas en colegios e institutos», donde todo el personal está atareado con evaluaciones y diferentes reuniones, tal como aseguran desde la delegación diocesana de Enseñanza, organizadora del acto.

 

Enrique Díezdiácono permanente de la diócesis, fue el encargado de dirigir el retiro, siguiendo la lectura del canto del Magníficat. Al igual que María, «esa sencilla mujer de Nazaret», cada uno de los profesores han sido «elegidos por Dios para acoger a su Hijo en sus vidas». El diácono también recordaba que los profesores, «desde su apasionante profesión», pueden «sembrar la semilla para que Jesús también sea acogido en los corazones de quienes nos rodean, especialmente de los alumnos a los que hemos de enseñar no solo desde la teoría sino desde el ejemplo».

 

«Es muy posible que nuestro tiempo sea más un tiempo de siembra que de recogida», recordó a los docentes, «pero no por ello debemos dejar de sembrar porque nuestra religión nos enseña que quien acoge a Dios en su vida sabe que el éxito es saberse amado en cada instante y nunca sentirse solo».

 

La jornada concluyó con un ágape fraterno, donde los profesores compartieron típicos dulces navideños y deseándose lo mejor para estas fechas y el año que entra.