Encuentro de oración de catequistas en Miranda de Ebro

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Catequistas de Miranda de Ebro se reunieron la pasada semana en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles para tener un rato de oración. El encuentro estuvo coordinado por el responsable arciprestal de catequesis, Jesús María Calvo.

 

Al hilo del relato evangélico de Emaús, se fueron analizando las distintas partes del acompañamiento personal, a la vez que se invitó a los catequistas a hacer lo propio en sus grupos. Se contó también con el testimonio de Jimena Martínez, una de las catequistas más jóvenes del arciprestazgo, quien animó a no dar nunca la batalla por perdida en lo referente a los jóvenes y expuso cuál es, en su opinión, la idea que los jóvenes tienen de la Iglesia y la que en la Iglesia se tiene de estos. «El acompañamiento personal es la base de toda acción con la juventud», señaló.

 

La oración estuvo amenizada con vídeos, música y un gesto personal de compromiso por parte de cada uno de los asistentes.

Estudiantes burgaleses emulan a los maestros constructores del gótico

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Más de 350 alumnos de cinco centros educativos de la ciudad –CEIP Padre Manjón, Concepcionistas, Jesuitas, Niño Jesús e IES Camino de Santiago– han participado en el programa «El arco ojival y el secreto de los maestros constructores», organizado por el Ayuntamiento de Burgos, con el respaldo de la Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021. El resultado de este taller experimental puede visitarse desde hoy y hasta el próximo 27 de febrero en el claustro bajo de la Catedral, de 16:00 a 19:00 h. de manera gratuita. Con esta iniciativa, que forma parte del programa municipal de formación no reglada «La ciudad también enseña», y a la que el Consistorio ha destinado 9.000 euros, se pretende implicar a los más jóvenes en la celebración de los 800 años de la Seo y dar a conocer los oficios medievales a estudiantes desde 6º de Primaria hasta 3º de Secundaria.

 

La exposición, que ha sido presentada esta mañana por el alcalde de Burgos, Javier Lacalle, el arzobispo y presidente de la Fundación VIII Centenario de la Catedral, don Fidel Herráez Vegas, el presidente del Cabildo, Pablo González Cámara, y el arquitecto que ha coordinado el programa, José Ramón Marín, muestra cinco arcos ojivales de 2,5 metros de altura, fabricados a partir de cartón reciclado, madera, acetato y corcho blanco, y las correspondientes cimbras (estructuras de madera) utilizadas para su construcción. Los alumnos han trabajado un mínimo de seis horas organizados por gremios: carpinteros, canteros, escultores y vidrieros.

 

Según el arquitecto que ha coordinado la actividad, el propósito era explicar a los alumnos el gótico no solo desde el punto de vista estético sino estructural: empujes, formas, pesos, qué hace que el arco sea estable, por qué hay pináculos, por qué el arco es apuntado… Y en su opinión, el resultado es «bastante interesante». Para llevar a cabo esta labor, los estudiantes recibieron una primera fase de formación y fabricación, otra de culminación y una final de montaje.

 

El alcalde, por su parte, ha anunciado que la intención es ampliar el programa el próximo curso, hasta duplicar la participación de centros y de escolares. A su vez, el presidente de la Fundación, don Fidel Herráez, ha destacado que esta «magnífica iniciativa» permite a los jóvenes «que no vean la Catedral simplemente desde fuera, sino que conozcan la estructura interior».

Esta mañana, alrededor de 300 estudiantes han podido visitar la exposición y fotografiarse con los arcos en los que han estado trabajando las semanas pasadas. Además, han participado en la inauguración oficial de la muestra y han posado para una gran foto de grupo en las escaleras del Sarmental.

Jornada de Formación para agentes de Pastoral de la Salud en Miranda

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Los agentes de pastoral de la salud del arciprestazgo de Miranda de Ebro recibieron la pasada semana la visita de la delegada diocesana, Feli Pozo, con motivo de una jornada de formación en torno al tema del voluntariado en la pastoral de la salud. A través de una animada charla, se invitó a los presentes a poner siempre en el centro a la persona, con su valor imponderable. «El voluntario asume un verdadero compromiso con la limitación y la fragilidad».

 

Partiendo de la necesidad de recibir la adecuada formación y de asumir la tarea como un verdadero compromiso eclesial (el voluntario no actúa por libre, sino que realiza su labor de manera estable, como enviado por la misma Iglesia), se animó a descubrir los rasgos personales y comunitarios que definen a los agentes de pastoral de la salud.

 

Se informó, asimismo, acerca de los detalles legales y éticos que conciernen a este tipo de voluntariado. Por último, se hizo un acercamiento a esta realidad desde el Evangelio, partiendo de las bienaventuranzas como carnet de identidad del cristiano, en palabras del papa Francisco (GE 63).

Acción Católica General subraya la importancia de trabajar en clave vocacional

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La parroquia de San Julián acogió el pasado sábado la última sesión del Taller de formación de acompañantes, que se dedicó a profundizar en la vocación laical. En las cuatro sesiones previas se había venido exponiendo el proyecto de parroquia que se propone desde Acción Católica General –una parroquia dinamizada por los equipos en donde se comparten la vida y la fe y se va haciendo el proceso de formación cristiana– y conociendo las herramientas (itinerario de formación, revisión de vida, proyecto de vida cristiana) que ayudan a vivir esa unión entre la fe y la vida y que ayudan a descubrir la vocación laical.

 

Durante el trabajo de la mañana se reflexionó sobre cómo la vocación «es una llamada que nos hace Dios a seguirle, a regalar su amor a los hermanos. Somos llamados a dejarnos transformar y a identificarnos con Jesús, con su estilo de vida y construir así su Reino. Nuestro reto es descubrir en nuestra vida esa dinámica del amor y desde ahí, ser capaces de tenerle presente en lo que vemos y hacemos para ponernos en sus manos y preguntarle constantemente: “Señor, ¿qué quieres de mí?”».

 

En la experiencia de oración, después de analizar lo que dificulta y lo que ayuda y anima a responder a la llamada de Dios, se abordó la necesidad de que en las parroquias se genere esta cultura vocacional y cómo hacerlo, es decir, «saber por qué y para qué estamos comprometidos en la Iglesia y en el mundo y por quién lo hacemos». Para ello, se subrayó, es importante que en nuestras parroquias haya un acompañamiento personal de los procesos, estar cercanos a lo concreto de cada persona, disponer de espacios y momentos para hacer una buena acogida, para orar y reflexionar. Otros aspectos que ayudan a generar esta cultura vocacional son promover procesos de formación cristiana más dinámicos y en conexión con la vida, dar visibilidad a otros campos de acción en los que está inmersa la parroquia, como la pastoral de la salud, la pastoral obrera, etc…, propiciar espacios para trabajar en conjunto, diocesanamente y en la parroquia, trabajar más en red. En definitiva, se constató que trabajar en clave vocacional es importante para la misión y para evangelizar también en aquellos ámbitos en los que los laicos están inmersos.

Manos de mujer que se unieron contra el hambre en el mundo

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Corría el año 1959 cuando las mujeres de Acción Católica recogieron el llamamiento de la FAO y pusieron en marcha la primera Campaña contra el Hambre con un triple objetivo: denunciar el drama humano de los pobres que mueren de hambre, ayudar a la sociedad a tomar conciencia de este escándalo y reunir recursos para mover a la acción concreta. Lo que comenzó siendo una acción puntual caló tan hondo que con el tiempo se convirtió en una de las organizaciones más prestigiosas y fiables de nuestro país.

 

Ya desde 1959 en la diócesis de Burgos se participaba en esta campaña. Aunque en ese año no llegó a realizarse una colecta propiamente dicha, sí se promovió el ayuno voluntario y se recaudaron 1.368 pesetas. Tres años después, la colecta para el Día del Hambre, que se realizó no solo en la capital, sino también en varios municipios de la provincia, consiguió reunir 11.496 pesetas.

 

La delegación consiguió que las propuestas de «guerra al hambre» llegasen primero a una extensa red de parroquias y paulatinamente a toda la sociedad burgalesa. A ese primer grupo de pioneras se fueron sumando cada vez más personas ajenas a la Acción Católica y la campaña empezó a crecer y a extender sus actividades: charlas, conferencias, colectas en parroquias, colegios y centros sociales, cuestaciones a pie de calle, e incluso proyecciones de películas en el Gran Teatro.

 

La actividad más importante que se inició en la década de los sesenta y que se mantuvo durante mucho tiempo fue la recogida de botellas y papel para su posterior venta. En ella se involucraban desde las autoridades, que otorgaban los oportunos permisos y prestaban camiones y furgonetas para la recogida, hasta las empresas y particulares que también ofrecían sus vehículos o se prestaban para conducir, o los alumnos de muchos colegios que colaboraban en las labores de carga y descarga en la Plaza de Toros, donde se almacenaba el material recogido, o salían en rondallas para ambientar la actividad. No faltaban enfermeras para atender posibles cortes y contusiones y alguna congregación religiosa y voluntarios que preparaban bocadillos y bebidas para todos los que participaban en el operativo.

 

Recogida de papel en la plaza de Toros.

Recogida de botellas y papel en la plaza de Toros en los años 60.

 

Eran años en que los proyectos eran muy básicos, centrados en la alimentación, incluso se fletaban camiones con alimentos. Pero poco a poco estas acciones fueron tomando forma y empezaron a destinarse los recursos a financiar pequeños proyectos en diversos países. A medida que las actividades se incrementaban y se hacían más complejas (en el año 70 la campaña había alcanzado ya una recaudación de 1.229.688 pesetas a nivel provincial), se fue haciendo necesaria una organización: la primitiva Campaña contra el Hambre pasa a denominarse en 1978 Manos Unidas y se reconoce plenamente la personalidad jurídica de la organización, reconocida por la Conferencia Episcopal como el organismo oficial de la Iglesia española para la ayuda, promoción y desarrollo del tercer mundo.

 

Entre 1978 y 1982, visto el éxito de las recaudaciones, los esfuerzos se centran en potenciar la importancia de la educación para el desarrollo como objetivo de la campaña. Para ello se intenta profundizar y difundir el mensaje de la justicia y, pese a mantenerse los fines que habían dado origen a Manos Unidas, se pretende dar un nuevo giro, buscar las causas de la pobreza y el hambre y asumir la propia responsabilidad como país desarrollado. Se sugiere no seguir realizando cuestaciones en la calle y se intensifican los esfuerzos para llegar a todos los escolares de la provincia.

 

A partir del 25 aniversario de Manos Unidas la organización creció en prestigio y en presencia social. Las campañas salieron del ámbito de las parroquias y empezaron a alcanzar a toda la sociedad. Comenzó a celebrarse el ya tradicional Mercadillo Solidario, de gran repercusión pública y que aún se sigue celebrando. La recaudación continuaba creciendo: en 1985 se recaudaron 11.439.310 pesetas y seis años después la cifra se multiplicó por seis.

 

Algunas mujeres y el arzobispo, don Teodoro Cardenal, en la inauguración de un mercadillo solidario.

Algunas mujeres y el arzobispo, don Teodoro Cardenal, en la inauguración de un mercadillo solidario.

 

Más mediática aún que el mercadillo fue la «Operación Bocata», que nació hace 20 años por iniciativa del sacerdote Marcelo Gómez, entonces vicario parroquial de San Cosme y San Damián. Aquella iniciativa, que comenzó celebrándose en dicha parroquia y en los centros educativos del arciprestazgo de Vega, hoy se lleva a cabo en colegios de toda la ciudad, en Aranda y Miranda. En su última edición, se sumaron casi 12.000 alumnos de todos los ciclos. 

 

Una marca de confianza

 

Sesenta años después de su creación, Manos Unidas se involucra en proyectos cada vez más complejos, de desarrollo integral: educación y formación, capacitación de mujeres…, sin dejar por ello de atender las necesidades de infraestructuras básicas que aún son demandadas por algunas comunidades del tercer mundo, sobre todo en el continente africano.

 

La delegación de Burgos cuenta, para llevar a cabo su actividad, con 12 voluntarias y unas 50 personas que colaboran de manera más o menos estable. En acciones determinadas, como la «Operación Bocata» o el Mercadillo, llegan a implicarse alrededor de cien personas (incluso las fundadoras, que salen por los comercios a recoger la mercancía que se pondrá a la venta).

 

La recaudación media anual de Manos Unidas en Burgos ronda los 600.000 euros (en 2017 fueron 674.282 euros, lo que supone una ratio de 1,90 por burgalés, una de las más altas de España, según comenta la presidenta delegada, Cristina Romano). Con dichos fondos se sufragan anualmente en torno a siete u ocho proyectos a través de lo que llaman «Operación Enlace» (se asigna un proyecto determinado  un arciprestazo o alguna actividad concreta, como la «Operación Bocata»).

 

Cristina Romano achaca la buena respuesta social hacia la organización a diversos factores: «Los españoles somos muy emocionales y muy solidarios en general. Además, Manos Unidas nunca se ha visto afectada por ningún escándalo, entonces es una marca de confianza. Por otra parte, la mayor parte de los ingresos son privados, así que la reducción de subvenciones nos afecta mucho menos que a otras organizaciones que dependen más de las Administraciones públicas. Eso nos da mucha independencia». De otro lado, «pertenecer a la Iglesia Católica puede habernos restado presencia en algunos ámbitos, pero nos beneficia tanto a nivel de financiación de proyectos como de sensibilización, ya que nos facilita el acceso a las parroquias, comunidades religiosas y colegios… No obstante, hay que decir que Manos Unidas y Cáritas son dos organizaciones que cuentan con un gran prestigio en la sociedad española».