A lo largo del último año, han sido numerosos los actos que la parroquia de El Buen Pastor de Miranda de Ebro ha realizado para celebrar el cincuentenario de su creación. El pasado viernes, un grupo de músicos –entre los que se encontraba el vicario parroquial, Carlos Azcona– interpretó diversas piezas. Acompañaron musicalmente una presentación de lo que ha supuesto para la parroquia la vivencia de estos cincuenta años, como comunidad cristiana, en el barrio de La Charca.
El sábado tuvo lugar una mesa redonda en la que se dieron cita tres asociaciones del barrio: AFAMI (Asociación de Familias de Miranda), ASPODEMI (Asociación de padres y familiares de personas con discapacidad intelectual de Miranda de Ebro) y la Asociación de Vecinos del barrio de La Charca. Cada una de ellas fue describiendo qué actividades hacen, con qué recursos cuentan y qué aportan al barrio y a la sociedad mirandesa. Se mantuvo un diálogo muy enriquecedor con los asistentes y se intercambiaron opiniones acerca del modo de poder colaborar con ellas, como ya se viene haciendo, desde la parroquia.
Y el colofón de los actos fue la solemne Misa dominical que presidió el párroco, Jesús María Calvo, y en la que intervinieron los dos coros parroquiales. En su homilía, destacó la necesidad de reconocerse necesitado ante el Señor, para que Él pueda actuar en nuestra vida, como lo lleva haciendo en esta parroquia a lo largo de estos cincuenta años y como lo seguirá haciendo en el futuro.
Al final de la eucaristía se lanzó el reto a los miembros más jóvenes de la comunidad para que celebren los setenta y cinco años con la misma ilusión que se ha puesto este pasado año en cada uno de los eventos que se han realizado (charlas, yincanas para niños y jóvenes, conciertos, exposición fotográfica y un largo etcétera).
El Seminario diocesano de San José acogió el pasado domingo la asamblea arciprestal de las parroquias que componen el arciprestazgo de San Juan de Ortega. Siguiendo con las indicaciones del plan de pastoral, que prevé una reestructuración de la diócesis al servicio de la misión, los asistentes a la reunión dialogaron, compartieron inquietudes y preocupaciones y pusieron en común las conclusiones de los trabajos realizados en en sus respectivas parroquias desde hace semanas.
Acompañados por el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, y el vicario de pastoral, José Luis Lastra, los miembros del consejo arciprestal compartían que «la reestructuración ha de ser para recuperar a la gente; para volverla a enamorar de Jesucristo» y que es necesario «vibrar más allá de los límites de nuestras posibilidades».
Por su parte, el arzobispo alentó a los casi cincuenta asistentes a la asamblea a prever el futuro y organizarlo ellos mismos pues, si no, «tendremos que tragarnos el futuro que otros nos creen».
El arciprestazgo de San Juan de Ortega es conocido también como el «cinturón de la ciudad». Está compuesto por numerosos pueblos que abrazan la capital por el sur. En esta zona trabajan veintiséis sacerdotes que atienen más de 130 parroquias.
Prosiguiendo con su visita pastoral a las parroquias de la diócesis, el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, se desplazó el pasado fin de semana hasta los pueblos de la zona de Juarros. Una visita que se prolongará también durante el próximo domingo, cuando visite y bendiga el nuevo centro parroquial de Ibeas de Juarros.
El pasado sábado, el arzobispo visitó las localidades de Tinieblas y tuvo varios encuentros con los vecinos de Villamiel, Cueva e Ibeas. El domingo celebró la eucaristía en Palazuelos y administró el sacramento de la confirmación a un grupo de adolescentes en Ibeas. El próximo fin de semana mantendrá un encuentro con los vecinos de San Millán, celebrará la misa estacional en Ibeas e inaugurará el nuevo centro parroquial. También visitará Espinosa, Cuzcurrita, Villamórico, Zalduendo y Galarde.
Los pueblos que componen esta unidad pastoral, que se atiende desde Ibeas de Juarros, son Cueva de Juarros, Cuzcurrita de Juarros, Espinosa de Juarros, Galarde, Ibeas de Juarros, Palazuelos de la Sierra, San Millán de Juarros, Tinieblas de la Sierra, Villamiel de la Sierra, Villamórico y Zalduendo.
La Acción Católica General de Burgos ha celebrado el pasado sábado su asamblea anual en los locales de la parroquia de Santa María la Real y Antigua. Una reunión en la que han participado también varias personas que están empezando a participar en grupos de vida en sus respectivas parroquias.
En la reunión se han programado los objetivos y los medios para servir mejor a la evangelización en la diócesis. Una tarea desarrollada sobre cuatro pilares: la misión, la espiritualidad, la formación y la organización para poder dar a conocer a Jesucristo a través de la Iglesia diocesana y de la presencia de los laicos en diferentes ambientes y compromisos.
Este año, además, seguirán dando prioridad a la puesta en marcha de nuevos grupos parroquiales de niños, jóvenes y adultos. Para ello, volverán a poner en práctica el taller de acompañantes, promoverán una coordinación entre los diferentes grupos y acompañarán a las parroquias que están realizando este cambio hacia una catequesis y grupos parroquiales con una formación más vivencial, con el objetivo de promover procesos continuados de vida cristiana.
Además, los miembros de Acción Católica General desean seguir cuidando su vida de fe desde la oración y la formación cristiana a través de la creación de espacios de silencio.
La Iglesia española, en 2019, abrirá una reflexión sobre presencia pública de los cristianos, que preparará para la celebración de un Congreso de Laicos en Madrid en el año 2020. Desde Acción Católica desean estar atentos a esta reflexión y participar de ella. Un momento especial será el que vivan el próximo verano, cuando tendrá lugar un encuentro nacional sobre este tema, abierto a todos los laicos de parroquias que deseen participar.
Además de la programación, la reunión contó también con una comida de hermandad que dio paso a una tarde más distendida y abierta a otros laicos de parroquia que no forman parte de la asociación. En ella se dio a conocer la dinámica de los grupos y cómo son las reuniones.
El arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, ha presidido esta mañana la ordenación como diácono de Pablo Andrés Rodríguez Sancho, en una abarrotada parroquia de La Anunciación en la que le han acompañado, además de familiares, numerosos sacerdotes, diáconos, formadores de los Seminarios de San José y Redemptoris Mater, compañeros seminaristas y una gran representación de comunidades del Camino Neocatecumental, al que pertenece.
Durante su homilía, el arzobispo ha pedido a Dios para el nuevo diácono «disponibilidad para la acción, humildad para el servicio y perseverancia en la oración» y le ha recordado que su ministerio, como el del presbiterado y el mismo episcopado, no son para uno mismo sino para el servicio a los demás. «Tú sabes que te abres al Señor no para ganar ningún tipo de prestigio humano, sino para entregar tu vida, solo así será coherente tu diaconado. Nunca puede buscarse un estatus social, nuestro ministerio solo tiene sentido para estar abiertos a Dios y para servir a la Iglesia».
En referencia a los tres compromisos que hoy ha adquirido Pablo al recibir el primer grado del sacramento del orden sacerdotal (celibato, rezo de la Liturgia de las Horas y obediencia al obispo), don Fidel ha subrayado, en primer lugar, que el celibato es símbolo de su entrega al amor a Dios: «no renuncias al amor humano, te abres al amor más grande», y seguidamente le ha pedido que «no deje pasar un solo día sin estar disponible para la oración, oración de alabanza, oración de súplica, por la Iglesia y por la sociedad». En cuanto la promesa de obediencia, el pastor ha incidido en que consiste «en ser fiel no al obispo, sino a la Iglesia a través del obispo» y, dada la vinculación de Pablo al Camino Neocatecumental, le ha llamado a «unir equilibradamente ambas realidades, no orillar ninguna de ellas, sino unirlas, porque ambas forman parte de tu ser eclesial».