Don Fidel Herráez, «cercano y sencillo» con Villalbilla y los pueblos de su entorno

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Prosiguiendo su visita pastoral a las parroquias de la diócesis, y pasada la Semana Santa, el arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, se desplazó el pasado fin de semana hasta Villalbilla, Villacienzo, San Mamés y Quintanilla de las Carretas, localidades cercanas a la capital.

 

El pastor de la Iglesia burgalesa saludó a los fieles de estas comunidades, conoció sus templos y charló con los vecinos. En San Mamés participó ayer en una asamblea parroquial y en Villacienzo presidió la celebración eucarística, seguida de un aperitivo con vecinos y autoridades de la localidad. También en Villalbilla celebró el pasado sábado la eucaristía, donde, además, mantuvo una reunión con los grupos parroquiales, cofradías y asociaciones, así como con los padres y jóvenes de la zona que recibieron el sacramento de la confirmación: tres de San Mamés, tres de Villacienzo y ocho de Villalbilla. En esta última localidad se reunió, igualmente, con el consejo pastoral parroquial. La jornada visita pastoral a la zona concluyó ayer domingo con el saludo a un matrimonio de ancianos en Quintanilla de las Carretas y posterior asamblea general en la parroquia dicha localidad.

 

Desde las parroquias visitadas destacan «la cercanía, sinceridad y sencillez» del arzobispo y la «emoción de las personas por conocer personalmente» a su pastor.

Gamonal arropa a Nuestra Señora de la Misericordia y de la Esperanza en el Sábado Santo

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El tiempo, que impidió que ayer se celebrase la procesión del Santo Entierro, ha dado un respiro y, en una mañana de Sábado Santo gélida pero despejada, ha permitido que hoy la Cofradía de Nuestra Señora de la Misericordia y de la Esperanza, la más joven de la ciudad y la única de Gamonal, sacara a las calles a su Virgen.

 

Alrededor de doscientos devotos han participado en el Rosario penitencial que ha salido de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima y ha recorrido varias calles aledañas, con la participación de la Agrupación Círculo Musical de Burgos.

 

La Cofradía de Nuestra Señora de la Misericordia y de la Esperanza nació en el año 2003 a petición del Consejo Pastoral de la Parroquia de Fátima y su imagen titular es obra del escultor murciano Francisco Conesa (2004). Se trata de una voluminosa talla policromada que mide 1,85 m. y que representa a la Virgen cubierta por un manto de amplios pliegues. Su mano derecha, extendida en actitud de acogida, simboliza la misericordia, mientras la izquierda, elevada hacia el cielo, expresa la esperanza de la resurrección.

Silencio y respeto ante la muerte de Cristo

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El cielo se ha acompasado con la liturgia. El Viernes Santo burgalés ha sido un reflejo de aquel viernes en el que murió Jesús en la cruz, cuando el cielo se tiñó de gris pasada la media tarde. La lluvia ha impedido que la tradicional procesión general del Santo Entierro, en la que desfilan todas las hermandades penitenciales y algunas de gloria de la ciudad, saliera a la calle. La Junta de Semana Santa decidía suspender la procesión entrada la tarde, aunque no uno de los actos que la preceden, el del traslado Cristo Yacente a su sepulcro. Eso sí, lo ha hecho a cubierto.

 

La Catedral se ha quedado pequeña para acoger a los cientos de burgaleses que han querido presenciar el acto, en el que han participado representantes de todas las cofradías de la ciudad y del Ayuntamiento, así como el arzobispo y miembros del Cabildo. A las 20:00 horas, los treinta y tres miembros de la Hermandad del Santo Sepulcro –número restringido en recuerdo a la edad de Jesús– han escoltado la imagen del Santo Cristo Yacente desde el claustro alto a la nave central de la seo, acompañados por la banda de cornetas y tambores de «Nuestra Señora de la Soledad».

 

Una vez en la nave central, la imagen del Cristo, obra del escultor Francisco Font, ha sido colocada en un sepulcro de cristal ante el respetuoso silencio de los presentes, mientras la banda ha hecho toque de oración.

 

Enhorabuena y ánimo

 

Por su parte, don Fidel Herráez Vegas, ha querido felicitar a los cofrades y a todos los que de una u otra manera colaboran en el desarrollo de la Semana Santa en la diócesis burgalesa. «Enhorabuena por cómo celebran todos ustedes la Semana Santa, por la piedad, la unción y la apertura que ponen en todas las celebraciones». Asimismo, también les ha «animado a proseguir» para que, «con la misma intensidad con que hemos celebrado la Pasión del Señor celebremos también su resurrección, que es lo fundamental de nuestra fe». El arzobispo ha exhortado a los presentes para que, si bien hoy no han podido procesionar por la calle, sí lo hagan en su día a día «para hacernos la vida mejor dentro de la paz que el Señor nos regala».

 

El acto de esta tarde ha sido el punto culminante de una jornada de oración y meditación por la muerte de Cristo. Esta mañana, la plaza de Santa María ha acogido el ya tradicional acto del Desenclavo. Por la tarde, el pastor de la diócesis ha presidido en la catedral los santos oficios de la Pasión del Señor.

 

Más: galería fotográfica del acto

«La cruz es el trono del Rey universal: así reina mi Dios, amando hasta el final»

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La Capilla de Santa Tecla ha acogido esta tarde la celebración de los Santos Oficios de la Pasión del Señor, presididos por el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, acompañado por el Cabildo de la Catedral y el canto de la coral Santa María la Mayor. A pesar de la climatología adversa, numerosos fieles han querido sumarse a la austera liturgia con la que se conmemora la muerte de Jesús mediante la proclamación de la Palabra, la adoración de la Cruz y la comunión.

 

En la homilía pronunciada tras la lectura de la Pasión según San Juan, el arzobispo ha subrayado las características específicas del relato del único apóstol que estuvo a los pies de la Cruz y a quien encomendó a su madre. «La narración de la Pasión según san Juan tiene un tono y un ritmo de serenidad y de gloria, curiosamente, comparándola con la de los otros tres evangelistas. Es una mirada desde arriba, hay una cierta ausencia de afectividad y de compasión, que sería propio de un testigo, pero él está más arriba a la hora de contarnos desde dentro lo que ese hecho salvador sin igual conllevó. El dolor para Juan se ha transformado en contemplación».

 

Un grito de victoria

 

El arzobispo ha ido desgranando las peculiaridades de este relato: «Jesús aparece entregando voluntariamente su vida por nosotros, la entrega porque quiere, por amor. Jesús aparece en esta narración como rey. Juan no cuenta la agonía del huerto, ni el prendimiento, ni el beso traidor de Judas. Subraya también la soledad en que los discípulos dejan a Jesús y la negación de Pedro. Presenta a Jesús totalmente libre ante las intrigas, orgullos, intereses políticos, temores y estrategias que existían entre las autoridades judías y Pilatos. Está por encima de todo eso. Presenta a Jesús como el Señor: más que reo, es el juez».

 

«El camino del calvario es la marcha para tomar posesión del trono. Es colocado entre los dos ladrones, el cuerpo de enmedio se suele tomar como sitio de honor. La cruz es el trono. Y desde su trono, Jesús aparece como un rey espléndidamente dadivoso: nos da ni más ni menos que a su madre, e incluso cuando ya ha expirado nos da la sangre y el agua que brotan de su costado, símbolos de la eucaristía y del bautismo. Inclinando la cabeza, por último, nos entrega su espíritu».

 

Juan omite la cita del salmo 22 «Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado» y «prefiere insistir en la continua comunión de Jesús con el Padre y la continua conciencia de lucidez en su entrega», ha continuado el pastor. «Omite también el grito desgarrado de Jesús. Jesús muere plácidamente en un gesto de plena confianza. Su único grito es un grito de victoria: «Todo se ha cumplido». El «Todo se ha cumplido» puede interpretarse así: el amor ha llegado hasta al final».

 

«Puede afirmarse que la cruz es el trono del Rey universal», ha concluido don Fidel. «Digamos sobrecogidos: ese crucificado es mi rey y mi Dios. Así reina mi Dios, amando hasta el final».

Lágrimas y aplausos en la emotiva procesión del Encuentro

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La amenaza de lluvia se ha esfumado e, incluso, el frío. Al menos, si no en el termómetro, sí en el corazón de los miles de burgaleses y foráneos que, un Jueves Santo más, han sido testigos de uno de los actos más populares y emotivos de la Semana Santa: la procesión del Encuentro. Pasadas las 21:00 horas, las imágenes de Nuestra Señora de los Dolores y Jesús con la Cruz a Cuestas han entrado en la plaza del Rey San Fernando en un emotivo desfile en el que las tallas parecían cobrar vida mecidas con maestría por las decenas de costaleros que las portaban sobre sus hombros. Lágrimas, aplausos y algún que otro «viva» han completado la escena, en la que Jesús y su Madre dolorosa parecían, al mismo tiempo, no querer encontrarse ni despedirse.

 

Ya en la plaza, la liturgia se ha completado con un breve rito de la Palabra y el intercambio de flores entre los cofrades de las dos hermandades organizadoras del acto, la del Santísimo Sacramento y Jesús con la Cruz a Cuestas, con sede en San Cosme y San Damián, y la de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores, de la parroquia de San Gil. Dos cofrades –madre e hijo– han realizado una emotiva alocución en un idealizado diálogo entre la Virgen y Jesús en el duro trance de su muerte en la cruz.

 

Tradición

 

La del Encuentro es una de las procesiones más antiguas de la moderna Semana Santa burgalesa, realizada por primera vez en 1947. Ambas tallas, saliendo de sus respectivas parroquias, atraviesan sus barrios para encontrarse a los pies de la catedral. Sus imágenes han salido a las 19:45 horas de las parroquias San Cosme y San Damián y San Gil Abad portadas a hombros por costaleros. La imagen de Jesús con la Cruz a Cuestas ha desfilado por San Cosme, plaza Vega, puente y Arco de Santa María. La imagen de Nuestra Señora de los Dolores ha hecho lo propio por las calles San Gil, Avellanos, Laín Calvo y Virgen de la Paloma.

 

Tras el encuentro, la imagen de la Dolorosa –una talla barroca del siglo XVIII–, ha vuelto a su parroquia. Por su parte, la talla de Jesús con la Cruz a Cuestas, obra del escultor Ildefonso Serra, se ha dirigido al interior de la catedral para realizar una estación penitencial frente al Santísimo Sacramento reservado en la Escalera Dorada, tal como hicieran el año pasado. Después, ha vuelto de nuevo a su parroquia.

 

Ha sido, sin duda, el punto culminante de este Jueves Santo, en la que también el arzobispo, don Fidel Herráez, ha presidido la solemne eucaristía de la Cena del Señor. En ella, ha pedido a los burgaleses vivir con intensidad estos días de Pasión y las verdades que en ellas celebramos, «de las cuales brota todo el ser cristiano: La muerte y la Resurrección de Jesucristo. La Resurrección da sentido a todo el año litúrgico y sobre todo, a nuestro vivir cristiano», ha dicho en su homilía.

 

Más: galería fotográfica de la procesión