Don Fidel Herráez Vegas, hijo adoptivo de Burgos

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El pleno del Ayuntamiento de Burgos, celebrado hoy en el patio cubierto del claustro del monasterio de San Juan, ha aprobado la concesión del título de Hijo Adoptivo de la ciudad a don Fidel Herráez Vegas, arzobispo emérito de Burgos.

 

Además, también se han aprobado otros títulos honoríficos como la concesión de la distinción de Burgalés de Pro a Ana Núñez Velasco; la distinción de Burgalés de pro a título póstumo a Néstor Pavón Espiga; la concesión de Buen Vecino de Burgos al Rotary Club de Burgos; la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad de Burgos al Grupo Espeleológico Edelweis y, por último, también se ha concedido la Medalla de Oro de la Ciudad a la Institución Fernán González, Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes.

 

La concesión del título de Hijo Adoptivo de la ciudad al arzobispo emérito nació a propuesta de Ciudadanos y ha contado con el voto a favor de los grupos municipales PSOE, PP, Cs, Vox y la abstención de Podemos.

 

La portavoz del grupo municipal socialista, Nuria Barrio, ha indicado que monseñor Herráez fue arzobispo «en un momento muy especial para la ciudad con motivo del octavo centenario de la Catedral». Ha asegurado que ha destacado «de forma relevante» por «sus cualidades y méritos personales y los servicios prestados en beneficio y honor del municipio alcanzando una consideración indiscutible en el concepto público».

Stefano Malerba: «La vocación del diácono es servir a la comunidad»

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Nació en Roma hace 36 años y, tras pasar varios años de formación en el Seminario Redemptoris Mater y haber realizado una experiencia misionera en Finlandia, este sábado se convertirá en uno de los nuevos diáconos –junto a José Ángel Zamorano– de la archidiócesis de Burgos. Stefano Malerba pertenece al Camino Neocatecumenal, donde descubrió que Dios le llamaba a ser un día sacerdote y que «entregar su vida al servicio de la Iglesia» le aportaba «plenitud». Asegura que el sí que dará a Dios el sábado será un paso más en su vocación, en la que siente que Dios lo ha escogido para servirlo: «Esa es mi dicha», asegura.

 

Stefano es el segundo en una familia de cuatro hermanos. Perdió a su madre cuando apenas contaba 18 años, recién estrenada su juventud. Fue a la Universidad, trabajaba, tenía dinero y salía con sus amigos de fiesta. Pero «lo que me daba el mundo no me hacía feliz. Hacía lo mismo que todos los demás, y cuando llegaba por la tarde a casa me encontraba con la impresión de que mi vida no tenía sentido».

 

Fue viendo por la televisión el funeral de san Juan Pablo II cuando su corazón comenzó a descubrir que Dios lo buscaba para algo más grande. Sin embargo, le daba miedo dejar a su novia, pensando que aquello solo era «un calentón temporal». Fue entonces cuando uno de sus hermanos de comunidad se ordenó presbítero y la alegría luminosa de su rostro hizo ver a Stefano dónde estaba la verdadera alegría. «Yo también quería esa felicidad para mí y la llamada se materializó y entré al Seminario».

 

Llegó a Burgos en 2014 a su recién estrenado seminario misionero. Tras completar cinco años de estudio realizó una experiencia misionera en Finlandia –«donde Dios apenas existe», dice– junto a otras cuatro familias y un sacerdote y en contacto con algunos cristianos de otras confesiones. Allí, en los largos inviernos sin sol y a apenas 70 kilómetros de la frontera rusa, descubrió cómo la Iglesia no era solo las de las grandes basílicas de su Roma natal, sino la de la «pequeña levadura que crece silenciosa» y que ha «despertado» en él «el celo por la misión».

 

Stefano recibirá de manos del arzobispo, don Mario Iceta, el primer grado del sacramento del orden el sábado, a las 11:00 de la mañana en la iglesia de San José Obrero. Para él, el diácono es «un servidor», una dimensión que el sacerdote nunca ha de perder de vista: «El presbítero no es un superhombre, es un sencillo servidor que ha de ponerse al servicio de su comunidad. En eso consistirá el ministerio que este sábado me confiarán».

Familia y protección de menores, a debate en la Plenaria de los obispos

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Los obispos españoles comienzan hoy, lunes 15 de noviembre, su 118ª Asamblea Plenaria. En esta ocasión, el encuentro concluirá en Santiago de Compostela donde peregrinarán el viernes 19 con motivo del Año Jubilar Compostelano. En la reunión participa también el arzobispo de Burgos, don Mario Iceta Gavicagogeascoa. La Asamblea comenzará con el discurso del presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella. Seguidamente intervendrá el nuncio apostólico en España, mons. Bernardito C. Auza.

 

En la Asamblea Plenaria, el Itinerario del Sínodo de los obispos

 

Uno de los temas del orden del día será la puesta en marcha del Itinerario del Sínodo de los obispos que se celebra con el tema «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Se contará con las intervenciones del subsecretario del Sínodo de los obispos, el agustino español mons. Luis Marín de San Martín, y del obispo responsable del equipo sinodal, mons. Vicente Jiménez.

 

Familia y protección de menores

 

La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida presentará para su estudio el borrador del documento «Orientaciones para la pastoral de las personas mayores en el contexto actual». También informará sobre dos de los eventos programados con motivo del Año «Familia Amoris Laetitia»: La Semana del Matrimonio, que promueve la CEE, del 14 al 20 de febrero, y el Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en Roma del 22 al 26 de junio. A la vista de las dificultades para llegar a Roma y poder participar en este encuentro, los obispos de la Plenaria van a valorar la posibilidad de organizar un Encuentro de ámbito nacional; además de la celebración de encuentros en las distintas diócesis.

 

Como es habitual en las reuniones de las Asambleas Plenarias, se repasarán las actividades de las distintas Comisiones Episcopales. Además, el secretario general de la CEE, mons. Luis Argüello, llevará a la Plenaria distintas propuestas del Servicio de coordinación y asesoramiento para las Oficinas de protección de menores.

 

Otros temas del orden del día

 

El orden del día incluye la aprobación, si procede, de los Estatutos de la CEE y de sus organismos. Los obispos conocerán, además, el proyecto de estructura y funcionamiento del Consejo de Estudios y Proyectos de la CEE. La creación de este Consejo es una de las actividades previstas en el plan de acción de la CEE, «Fieles al envío misionero», que se aprobó en la Plenaria de abril de 2021. También decidirán sobre la propuesta de un documento sobre «persona, familia y bien común».

 

Se tratarán diversos asuntos de seguimiento y como, es habitual en la Plenaria de noviembre, se presentarán para su aprobación la propuesta de constitución y distribución del Fondo Común Interdiocesano para el año 2022 y los presupuestos para el año 2022 de la Conferencia Episcopal Española y de los organismos que de ella dependen.

Sinodalidad: un modo de ser Iglesia

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Es una palabra griega que significa «caminar juntos». La identificación de la Iglesia como «camino» aparece ya reflejada incluso en el Nuevo Testamento y algunos Santos Padres, como san Juan Crisóstomo, usaban indiferentemente los vocablos «sínodo» e «Iglesia». Se trata, en efecto, «de un modo de ser», un «estilo o espiritualidad» por el que las cuestiones importantes o relevantes para todo el Pueblo de Dios se afrontan y dialogan entre todo el Pueblo de Dios «y no entre tres o cuatro». Así lo entiende el teólogo y sacerdote diocesano Eloy Bueno de la Fuente (Casaseca de Campeán, Zamora, 1953), llamado por el papa Francisco a formar parte de la comisión teológica del Sínodo de los Obispos, que durante los próximos dos años reflexionará en todo el mundo (a través de una fase diocesana, otra continental y otra internacional) sobre el modo en que la Iglesia suscita procesos de participación entre todos los bautizados. 

 

El catedrático de la Facultad de Teología de Burgos forma parte de una comisión de 25 miembros (junto a él hay otros dos españoles, la profesora de la Universidad Pontificia de Comillas, Carmen Peña, y el jesuita Santiago Madrigal), dirigidos por el español Luis Marín de San Martín, también profesor de la Facultad de Teología, subsecretario del Sínodo. Su misión consistirá en ayudar a la Secretaría del Sínodo en su trabajo, revisar los textos y documentos que se generen y eventualmente proponer sugerencias, presentar propuestas para el desarrollo de la sinodalidad, producir y compartir materiales para el estudio teológico y colaborar estrechamente con las otras dos comisiones, una metodológica y otra asesora.

 

Para Eloy, la sinodalidad sería una especie de «arte» que «tenemos que aprender poco a poco». «Lastramos siglos de clericalismo y de una concepción demasiado vertical de la Iglesia y eso no se va a cambiar de la noche a la mañana. Pero el Papa insiste en que hemos de suscitar nuevos procesos, que iniciemos este camino que será de largo recorrido», indica. Para él, los sínodos y las asambleas deberían ser «más habituales» en la vida de la Iglesia, y aplaude que en Burgos el Sínodo de los Obispos sobre comunión, participación y misión se solape con la celebración de la Asamblea Diocesana, pues «nos encuentra con la tarea de concienciación bastante avanzada». Un cambio de mentalidad que se traduce en concebir la Iglesia como «una familia» en la que «todos puedan participar y dialogar» y «en la que todos se sientan escuchados» en la toma común de decisiones.

 

Una escucha que debe tener como protagonista al Espíritu Santo, pues será el garante de que el Sínodo no se convierta «en un parlamento donde salen adelante las ideologías o concepciones de la mayoría», sino el que «ayude a discernir la Iglesia que Dios quiere» a través del «consenso» y la «comunión». «En algún momento habrá que votar, pero la votación será resultado de un consenso, de un hacer ver que la decisión tomada no es unilateral, sino del “nosotros eclesial”», explica el catedrático, experto en eclesiología y autor de numerosos estudios sobre Iglesia y misionología.  

 

Desde su trabajo directo en el ‘núcleo duro’ del Sínodo, anima a los burgaleses a participar en la Asamblea y en esta reflexión sobre la sinodalidad. Para él es una «clara manifestación de lo que significa la participación eclesial», pues «sentirse miembro de la Iglesia simplemente por asistir a la eucaristía dominical o colaborar económicamente con la parroquia es algo muy superficial». Sin embargo, «si siento la Iglesia como mi familia, me tienen que afectar sus problemas, expectativas y proyectos… Por eso uno tiene que decir: “aquí estoy yo para aportar mi granito de arena”, que es el carisma que me ha regalado el Espíritu». «No hay otro camino para la Iglesia que el camino sinodal», concluye.

Los responsables de transparencia en la archidiócesis

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Ser una de las diócesis españolas más transparentes no se consigue de la noche a la mañana. El intento de contabilizar desde la última gran herencia al último céntimo depositado en un lampadario de una ermita remota es un ejercicio oculto que se hace en un equipo encabezado por Vicente Rebollo Mozos, vicario episcopal para los Asuntos Económicos y máximo responsable de la administración diocesana. Él sabe que comunicar bien dónde van a parar los dineros y cuáles son las fuentes de financiación no es tarea fácil y que aún se requieren grandes esfuerzos para seguir mejorando en transparencia pues, asegura, la economía que se traen entre manos no es suya, es un dinero que les han legado para que ellos lo administren según las necesidades pastorales y caritativas requeridas en cada momento en la Iglesia en Burgos.

 

Para ello cuenta con un equipo que controla y paga facturas, centraliza los gastos e ingresos generados en las parroquias y administra las entradas generadas por alquileres de inmuebles, entre otras muchas funciones. Laura López González, administrativa, es secretaria del vicario para los Asuntos Económicos y se ocupa de la contabilidad y facturación del Arzobispado desde el año 2017. Entre sus tareas cotidianas están la gestión de alquileres de inmuebles, los seguros y siniestros, los tanatorios y el control de testamentarías. Además, atiende el teléfono y las visitas que tienen que ver con la economía diocesana.

 

Por su parte, Miguel Ángel Iturriaga Miñón se ocupa de la gestión contable, la integración de todos los centros del Arzobispado y la rendición de cuentas a la Conferencia Episcopal, así como la aplicación de iniciativas de modernización y optimización de los procesos.

 

El más veterano es el sacerdote Ireneo Serrano Val: lleva nada menos que 26 años ocupándose de las cuentas diocesanas y todo de manera manual hasta que llegó la informatización. La última en incorporarse al equipo es la más joven del área, Ester Gutiérrez.

 

Además de estas cinco personas, también es necesario mencionar a Rodrigo Saiz García, licenciado en Derecho, quien cumple una función similar a la secretaría de un Ayuntamiento y que, concretamente, lleva a cabo la tramitación de expedientes relacionados con el patrimonio diocesano (art. 38 de la Curia Diocesana).