Burgos pide a Santa María la Mayor una sociedad «más justa, más acogedora y humana»

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«Venimos a pedir tu intercesión para que, entre todos, consigamos que nuestra ciudad mejore cada día y sea ejemplo de tus enseñanzas; para que nos cubras con tu manto de amor y nos protejas e ilumines en nuestro caminar». Ha sido la petición que el concejal el ayuntamiento de Burgos, Angel Luis Martín Rivas, ha presentado a Santa María la Mayor en cumplimiento del tradicional voto que la ciudad presenta a la patrona cada 15 de agosto desde el año 1494. El edil ha pedido a la Virgen «avanzar hacia una sociedad cada vez más justa, más acogedora para el prójimo, más humana y con mejor futuro para nuestros jóvenes», a la vez que se ha comprometido a «preservar y apoyar» a la familia, «base de la sociedad».

 

El concejal también ha implorado de la patrona su ayuda para quienes tienen «responsabilidad de gobierno» a fin de que puedan adoptar «con honradez y ejemplaridad» las «decisiones que faciliten la convivencia y el desarrollo de nuestra ciudad». Igualmente, ha querido tener un recuerdo especial para «los mayores, que nos enseñaron el camino que ahora seguimos y a los que tanto debemos», así como a quienes «han sufrido la violencia, el desprecio, la marginación o la soledad» y ha solicitado a la Virgen «capacidad para ponernos en su lugar y comprender y compartir su sufrimiento». Tampoco se ha olvidado de rogar a La Mayor de Castilla las «condiciones necesarias para que haya empleo para todos», pues el trabajo, ha dicho, «aporta la realización como personas».

 

Llamada gozosa a la esperanza

 

El voto de la ciudad ha tenido lugar en el marco de la celebración de la eucaristía en la solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los Cielos y después de que ayer la imagen de la patrona recorriera las calles de la ciudad. Una fiesta que, «más que un rato piadoso en el que nos reunimos con ciertos sentimientos religiosos», es una «llamada gozosa» a la esperanza, pues «el destino de María es nuestro destino». Así lo ha manifestado en su homilía el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, quien ha recordado que «María es figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada» y que ha dado la «enhorabuena» a todos los presentes, pues «hemos sido llamados a vivir siempre con Dios, a vivir en el futuro lo que María ya vive».

 

«Ninguno de nosotros se va a quedar en este mundo para siempre», ha insistido el pastor de la diócesis, «sino que estamos llamados a vivir la Vida con mayúsculas, donde nuestra Madre nos ha precedido». Así, ha dicho, «mientras vamos de camino tenemos que poner en obra aquello que esperamos». Mientras tanto, «María intercede por nosotros para que tendamos hacia Dios y, en ella y a través de ella, respondamos al Amor de Dios».

La ciudad saca a la calle la imagen de su patrona, Santa María la Mayor

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Un año más, las calles del centro de la ciudad han acogido, en la víspera del misterio de su Asunción a los Cielos, la tradicional procesión con la imagen de Santa María, la Mayor de Castilla. Este año, la talla de la Virgen ha procesionado sobre la carroza del Santo Cristo de Burgos y acompañada por los compases de la agrupación Círculo Musical de Burgos, que ha interpretado varias melodías intercalando los misterios del santo Rosario.

 

Aunque numerosos burgaleses abandonan estos días la ciudad en busca del merecido descanso veraniego, han sido numerosas las personas que se han acercado hasta la Catedral para participar en el que es uno de los actos centrales de la novena en honor de la patrona de la ciudad y de la diócesis y que culminará mañana jueves. A ellos se han sumado numerosos turistas y curiosos que han fotografiado la escena y algún que otro peregrino que descansaba en Burgos de su ruta hacia Santiago de Compostela.

 

El arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, ha participado también en la procesión y ha presidido la posterior eucaristía que se ha celebrado en el interior del templo catedralicio y en la que hoy ha predicado Elías González, párroco de San Esteban, siguiendo el itinerario propuesto por el cabildo durante la Novena y en la que se han meditado distintos versículos del canto mariano del Magníficat. Mañana, el arzobispo volverá a presidir la misa a las 12:00 del mediodía.

 

Coincidiendo con el misterio de la Asunción de la Virgen al Cielo, el primer templo de la diócesis conmemora el título que el rey Alfonso X, el Sabio puso como blasón de la catedral en el año 1260: «Es esta la iglesia dedicada a Santa María, la mayor de Castilla». La imagen venerada que recibe este título data del siglo XV y, desde 1596, ocupa el espacio central del retablo mayor, justo debajo de la escultura de la Asunción de la Virgen, de Juan de Anchieta (1578).

 

Para ampliar: ver galería fotográfica de la procesión

Las Clarisas dejan San Martín de Don para unirse a la comunidad de Medina de Pomar

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Las clarisas agradecieron la cercanía de los vecinos del pueblo tras la eucaristía.
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Las clarisas agradecieron la cercanía de los vecinos del pueblo tras la eucaristía.

 

Ayer domingo, día en que la Iglesia honraba la memoria litúrgica de santa Clara de Asís, la comunidad de Clarisas de San Martín de Don celebraba una eucaristía de acción de gracias tras casi cinco siglos de presencia en la localidad. La mermada comunidad, con apenas cuatro religiosas, abandona el monasterio para unirse en breve a la comunidad de Medina de Pomar después de un largo proceso de reflexión y teniendo en cuenta la nueva normativa que el papa Francisco publicó recientemente para el buen desarrollo de la vida de los monasterios de clausura.

 

El vicario general de la diócesis, Fernando García Cadiñanos, fue el encargado de presidir la emotiva celebración, en la que también se hizo presente el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, con una misiva en la que quiso hacer llegar a las religiosas su «enorme cariño y gratitud» por «vuestro ejemplo, vuestro silencio, vuestra acogida, vuestra pobreza, por hablarnos de Dios». Para el arzobispo, el vacío que dejan las religiosas en el pueblo y la parroquia de la localidad será «difícil de llenar», si bien considera la clausura del monasterio como un «una renovación interior» que «nos haga descubrir el tesoro que significa hoy la vida consagrada contemplativa y la necesidad de seguir orando por las vocaciones».

 

Siglos de historia

 

El cenobio de San Miguel Arcángel, en San Martín de Don, fue fundado por una comunidad de monjas clarisas provenientes del monasterio de Nuestra Señora de Rivas de Nofuentes –también ahora extinto– en el año 1549. Su construcción inició un año después del fallecimiento de don Juan Ochoa de Salazar, principal benefactor económico, el cual donaría a las religiosas sus bienes para que ellas pudieran construir el edificio. Su construcción duró casi sesenta años y las primeras obras fueron dirigidas por el arquitecto Diego González. Su iglesia apenas ha tenido reformas con el paso de los siglos y a ella se entra a través de una portada clásica simple en cuya parte superior está la figura de San Miguel.

 

Durante siglos, las monjas de San Martín de Don se han dedicado a la oración y contemplación, sin olvidar el otro puntal de la vida monástica, el trabajo que, antes del cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña, ha consistido en limpiar los buzos de sus trabajadores. La presencia clarisa y franciscana en la diócesis de Burgos ha sido siempre notable. Junto al de San Martín de Don, otros seis monasterios de Clarisas jalonaban hasta ahora la provincia, además de en la capital, en Belorado, Castil de Lences, Castrojeriz, Medina de Pomar y Vivar del Cid. En los últimos años se han clausurado también las comunidades clarisas de Lerma, Nofuentes y Briviesca.

Santa Cruz de la Salceda rinde homenaje a la beata Caridad Álvarez

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El vicario general de la diócesis, Fernando García Cadiñanos, presidió ayer una eucaristía de acción de gracias por la reciente beatificación de la mártir burgalesa Caridad Álvarez, elevada a los altares el pasado mes de diciembre en Orán, Argelia, donde fue asesinada en 1994. La misa tuvo lugar en el pueblo natal de la beata, Santa Cruz de la Salceda, y en ella participaron varias Agustinas Misioneras que componen hoy la comunidad argelina donde vivió la beata. Ellas hicieron entrega a la parroquia de un relicario con restos óseos de la burgalesa y de Esther Paniagua, la otra religiosa asesinada junto a sor Caridad y también beatificada.

 

Sor Cari, como la llamaban cariñosamente sus hermanas de comunidad, nació el 9 de mayo de 1933 y era la penúltima de doce hijos. Ingresó en la congregación de las Agustinas Misioneras en el año 1955 e hizo su profesión temporal el 26 de abril de 1957. Pronto fue destinada a Argelia. Emitió los votos perpetuos el 3 de mayo de 1960. Allí se dedicó a la acogida de todos los que llegaban a la casa, tenía a punto todo cuando las hermanas regresaban del trabajo, dedicaba parte de su tiempo a atender a los niños que iban a estudiar a la casa y por las tardes preparaba un té que servía a un grupo de cristianos y musulmanes que acudían al hogar del anciano.

 

La religiosa se sabía amenazada de muerte, pero con una firme vocación, y enamorada de la misión, no dudó en permanecer al lado del pueblo que le había acogido y al que amaba profundamente: «Estoy abierta y obediente a lo que Dios quiera de mí, y a lo que vean mis superiores». «María estuvo abierta al querer de Dios, quizá le costó. Deseo estar en esa actitud frente a Dios en los momentos actuales». Sus palabras, llenas de lucidez e intuición, revelan su honda vivencia espiritual.

 

En los últimos treinta años, han sido ocho los burgaleses asesinados en tierra de misión, mientras servían a las comunidades a las que habían sido enviados y a las que anunciaban el evangelio.

Más de un centenar de voluntarios saca del olvido el monasterio de Rioseco

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Un centenar y medio de personas de distintas edades y con procedencias y sensibilidades distintas se han afanado en la última semana para recuperar, en una nueva campaña de verano, el extinto cenobio de Santa María de Rioseco, un monasterio construido en el siglo XIII y abandonado a su suerte tras la desamortización de Mendizábal.

 

Las ruinas y las malezas acumuladas durante décadas han dado lugar a una avalancha de solidaridad que concita en la primera semana de agosto a decenas de voluntarios que pretenden salvar el inmueble. Quien capitanea desde hace nueve años este proyecto es Juan Miguel Gutiérrez, párroco de Villarcayo y los dieciséis pueblos del valle de Manzanedo, donde se ubica el monasterio. Él es el que se encarga de coordinar los trabajos y de hacer que no falte ni un ápice de la chispa que originó el movimiento de solidaridad. «Intentamos recuperar el patrimonio y nuestra historia, que es muy importante», asegura, pero en lo que más pone energías es en lograr que «sea un proyecto muy humano», en el que «el patrimonio sea vía para transmitir otros valores».

 

Al párroco del valle de Manzanedo le sorprende cómo, tras una semana de trabajo y convivencia, las emociones están a flor de piel y «la gente se encuentra con un nuevo rostro de Iglesia». Hasta el monasterio acuden jóvenes de distintos lugares del país y se crea un «ambiente muy bueno» de amistad y compañerismo. Además, el valle duplica su población, haciendo que sus 156 habitantes «valoren más su historia, su patrimonio y su propia cultura». En definitiva, se trata de una experiencia, remarca, «que vale la pena».

 

Este año, los trabajos han consistido en la limpieza y desescombro de varios lugares del edificio, como la hospedería, la torre del abad, las traseras de la iglesia y la cilla. Además, se han despejado distintos caminos de acceso al monasterio, como el que conduce a Manzanedo. Junto al trabajo de campo, Gutiérrez aplaude también la labor de la Asociación Juvenil Mazorca de la parroquia de Villarcayo y la dedicación de numerosas mujeres de los pueblos de la comarca que se han afanado en preparar las comidas y los cafés para reponer las fuerzas de los voluntarios, así como las indicaciones de la arqueóloga Silvia Pascual, del arquitecto Félix Escribano y de la historiadora Esther López Sobrado.

 

Cada año, son más los voluntarios que acuden a la cita. Ayer, en la fiesta de clausura de la Semana del Voluntariado se dieron cita más de 350 personas, que participaron en la eucaristía, una paellada, visitas guiadas y disitintos conciertos.

 

Todo un movimiento de solidaridad que ha hecho que hasta la propia Junta de Castilla y León redescubriera este inmueble y lo elevara, el pasado mes de enero, a la categoría de Bien de Interés Cultural. De hecho, una subvención pondrá en marcha en el mes de septiembre un proyecto de consolidación del claustro. Todo ello sin olvidar las más de 6.000 visitas que recibe el monasterio cada año. Lejos de ser un inmueble en ruinas, Rioseco tiene, todavía, mucha vida.