El próximo 7 de abril, fiesta del Viernes Santo, la localidad burgalesa de Villalbilla celebrará una vez más su icónico Viacrucis viviente. Esta representación de la pasión y muerte de Jesucristo se lleva realizando desde el año 1973, cumpliendo esta Semana Santa 50 años de historia.
El pasado 2 de abril se inauguró tras la parroquia del pueblo un monumento conmemorativo de este evento por seguir realizándose después de tantos años, y quienes se encargaron de descubrirlo fueron los actores que se han metido en el papel de Cristo durante las anteriores ediciones. Además, también se realizó una pequeña procesión con la cruz que se usa durante la representación y que lleva Jesucristo de camino al calvario. Por último se leyó una carta enviada desde la Santa Sede para felicitar y conmemorar estos 50 años.
Este evento tiene lugar gracias al trabajo de todos los colaboradores que participan, ya sea en labores de organización, actuación, seguridad, etc., poniendo todos una parte de sí mismos para que este viacrucis pueda salir adelante.
El tradicional Via Crucis que cada Lunes Santo se realiza por las laderas del castillo este año ha tenido unos claros protagonistas: los jóvenes. La Junta de la Semana Santa pidió a la coordinadora diocesana de juventud que se encargara de preparar este acto de piedad. «El objetivo es compartir y llevar la cruz de los jóvenes como preparación para las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ)», señala Óscar Moriana, delegado diocesano de esta área pastoral.
Además de jóvenes de los diferentes grupos y parroquias de la archidiócesis, en este Via Crucis han participado también miembros de la parroquia de San Josemaría Escrivá. Unos y otros, además de declamar las estaciones que ya se leyeron en el Coliseo junto al papa Francisco en el Viernes Santo de 2018, han portado desde la iglesia de San Esteban hasta el mirador del Castillo una rústica cruz de madera con sudario y varias antorchas. Las manos de los jóvenes, sin embargo, han sido las encargadas de elevar la réplica de la cruz de la JMJ que san Juan Pablo II les regaló y cuya réplica alberga en Burgos la parroquia del mismo nombre. En los textos de las estaciones, escritos por quince jóvenes bajo la coordinación del profesor Andrea Monda, ellos mismos son testigos de la Pasión de Cristo. En las 14 meditaciones los autores dejan emerger sus interrogantes sobre el mundo en el que viven.
Paula Mena es una de las jóvenes que ha participado en este Via Crucis. Recuerda que cuando les propusieron organizar y participar este acto «gustó mucho la idea» y no dudaron en secundarla. Para ella, que las jóvenes generaciones sean protagonistas de una procesión «es algo novedoso» y sacar a la calle la réplica de la cruz de los jóvenes es «algo muy bonito».
Paula, acostumbrada a vivir la Semana Santa de forma especial como cofrade de la Santa Columna del Círculo Católico, está muy contenta de poder «salir con los jóvenes con los que trabajas durante todo el curso». Este año es la primera vez que se organiza y es toda una prueba para «quién sabe si en próximos años se puede repetir», concluye.
En 1366, el convento de la orden de los Trinitarios de Burgos se vino abajo. Una de las piedras de la bóveda golpeó en la cabeza del Cristo que albergaba su templo, de la que manó sangre. Aquellas gotas se recogieron en un sudario y desde entonces miles de burgaleses se han confiado a la protección de esta prodigiosa imagen, custodiada en la iglesia de San Gil desde 1836. Son numerosos los milagros atribuidos a esta talla, que también sufrió otro altercado hace unos años del que, de modo sorprendente, parece haberse repuesto, después de que el año pasado pudiera desfilar en vertical en la tarde del Domingo de Ramos. El llamado «Santo Cristo de Burgos» –como el que se custodia en la catedral, aunque a este se le conoce como el «Cristo de las Santas Gotas», debido a las numerosas laceraciones que recorren la imagen– a vuelto a salir a la calle ante la admiración y curiosidad de los burgaleses.
La jubilosa procesión de la Borroquilla celebrada esta mañana ha tornado la liturgia en pasión, hasta el punto de acoger esta tarde una de las procesiones penitenciales más concurridas y silenciosas de la ciudad. La imagen, vinculada a san Juan de Mata, ha bajado con solemnidad por la escalinata de San Gil portada a hombros de varios cofrades de la Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores hasta izarse en el trono de Saturnino Calvo. Después de varios vivas y aplausos, 38 costaleros han procesionado la imagen por las estrechas calles de San Gil, Arco del Pilar, San Lorenzo, San Carlos, Almirante Bonifaz y Avellanos, ante la atenta mirada de cientos de burgaleses. Representantes de otras cofradías, hermandades y bandas de la ciudad también han acompañado el acto.
La imagen procesional es una réplica de la original, conservada en una de las capillas de la iglesia de San Gil Abad. Destaca por la cantidad de heridas que presenta. Todo el cuerpo está salpicado de laceraciones de las que manan abundantes gotas de sangre (en forma de tres gotas, como acostumbra la Orden Trinitaria), especialmente de los clavos y el costado. Cuenta con corona de espinas y paño de pureza. La cruz es un madero tosco y pesado sin adornos.
Miles de burgaleses han salido a la calle esta mañana para participar en una de las procesiones más populares de la ciudad, la de Jesús en la Borriquilla. Lo han hecho como manda la tradición, agitando ramos a su paso, rememorando con este gesto la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. «Esa ramita que después colocamos en nuestras casas significa que queremos recibir a Jesús en nuestra familia. Queremos decirle que es bienvenido, acogido en la humildad de nuestros hogares porque, en definitiva, él tampoco nos pide grandes cosas». Y es que la imagen de Jesús a lomos de un pollino revela que «es un rey de paz y de humildad» y que «viene a curar nuestros corazones solitarios para cubrirlos con el ungüento de su misericordia». En nuestro lado está «recibirle o rechazarle», ha explicado don Mario Iceta en la eucaristía que ha abierto la Semana de Pasión, en una abarrotada catedral.
«Muchos cierran el corazón y son incapaces de abrirse al amor de Dios, no lo aceptan y después pedirán crucificarlo», ha detallado el arzobispo en su homilía. «Necesitamos decidir si seguir anestesiados o dejarnos penetrar por el amor suave y restaurador de Jesús; poner en su mirada el futuro de nuestras vidas». «A veces no podemos afrontar los retos que nos plantea la vida, pero con Jesús los muros son derribados y las metas difíciles pueden ser alcanzadas con esperanza y amor», ha concluido.
La eucaristía ha sido el punto central del recorrido que el paso de Jesús en la Borriquilla (de los talleres de Arte Sacro de Olot, de 1948) ha realizado portada por costaleros de la cofradía de la Coronación de Espinas y Cristo Rey por el centro de la ciudad, con salida y llegada en la iglesia de San Lorenzo el Real. Tras la misa estacional, el arzobispo ha bendecido los ramos de los burgaleses y cofrades presentes en la plaza del Rey San Fernando, representando a todas las agrupaciones que integran la Junta de la Semana Santa. También han participado miembros de la corporación municipal, encabezados por el alcalde, Daniel de la Rosa, y de la Diputación, presidida por César Rico. Esta tarde, el programa de actos cuenta con la procesión del Santísimo Cristo de Burgos, que recorrerá las calles del casco histórico, con salida en vertical de la iglesia de San Gil Abad, a las 20:00 horas.
Veintiséis mujeres han sido las encargadas de portar a hombros, un año más, la imagen de la Virgen de las Angustias en el Sábado de Pasión de Burgos. Proceden de diferentes hermandades y cofradías de la ciudad y todas ellas, con paso firme y acompasado y vistiendo los hábitos de sus propias agrupaciones, han procesionado desde la iglesia de San Cosme y San Damián hasta la catedral, disipando la lluvia que ha caído durante la tarde sobre la capital. No ha ocurrido lo mismo con el frío.
La talla del escultor sevillano Juan Manuel Montaño Fernández ha sido la última en incorporarse a la Semana Santa de Burgos. Desde que saliera a la calle por primera vez en 2018, cada año esta procesión gana en seguimiento, cosechando miradas, algún que otro ‘viva’ y numerosas fotografías de los teléfonos del considerable público que acompaña la Virgen durante todo el trayecto. La imagen de la Madre de las Angustias ha salido de la parroquia de San Cosme y San Damián y ha recorrido la calle del mismo nombre, plaza Vega, puente de Santa María, Paseo del Espolón y plaza del Rey San Fernando para enfilar de nuevo el puente de Santa María hasta el lugar de origen.
Ha sido el quinto desfile procesional de la primera Semana Santa en la ciudad de Burgos libre de restricciones sanitarias, después del Rosario Penitencial y la procesión del silencio de anoche, la procesión infantil del Amor y la Esperanza, celebrada esta mañana, y la procesión penitencial en la barriada Juan XXIII esta tarde. Mañana, Domingo de Ramos, puerta grande de la Semana de Pasión, se desarrollarán las procesiones de la Borriquilla, por la mañana (con salida a las 9:45 desde la iglesia de San Lorenzo, que se reanudará tras la misa en la catedral), y del Cristo de las Santas Gotas, por la tarde (desde las 20:00 horas, con salida desde la parroquia de San Gil).