El Seminario celebró la Noche Blanca con música, arte y poesía

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El Seminario abrirá sus puertas durante la próxima Noche Blanca.
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El Seminario abrirá sus puertas durante la próxima Noche Blanca.

 

El Seminario de San José hizo su aportación al éxito de la Noche Blanca, que se celebró el pasado sábado, con una concurrida velada cultural. En dos sesiones, el seminarista de 1º de Bach Eduardo María Feijóo interpretó magistralmente al órgano piezas de Sebastián Aguilera de Heredia, Domenico Zipoli, John Stanley, Eduardo Torres, Gaston Bélier y J.S. Bach.

 

En las cuatro sesiones del exporecital «Teresa Peña: Los colores de la noche», el color, la poesía y la música acompañaron a los cuadros de esta artista tan vinculada a la provincia burgalesa: fusión contemporánea de arte y espiritualidad cristiana. Los seminaristas mayores pusieron voz a los cantos y versos de poetas contemporáneos, muchos de ellos burgaleses, haciendo especial mención a Tino Barriuso, fallecido hace un año.

 

Aprovechando la cesión de algunos cuadros y la instalación efímera que se ha realizado para esta ocasión, y para que pudiera disfrutarlo el mayor número posible de personas, ayer se celebró una edición especial, tanto del concierto de órgano como del exporecital.

«La experiencia que nos hizo sentir Iglesia diocesana»

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Era 31 de mayo de 1998, el estadio municipal de El Plantío a rebosar: casi 13.000 personas se congregaron en el campo de fútbol y no para presenciar un encuentro deportivo, ni para asistir a un concierto de una superestrella de la música, sino para participar en la clausura del XXIII Sínodo Diocesano, un proceso de tres años que involucró a sacerdotes, religiosos y laicos y que, como recuerdan 20 años después algunos de sus artífices, nos hizo crecer en conciencia diocesana y sentirnos corresponsables y protagonistas de la vida de la Iglesia en Burgos.

 

¿Era necesario un sínodo en la diócesis de Burgos para asomarse al siglo XXI con nuevos aires? ¿Qué lo propició? Quienes se ocuparon de la secretaría del Sínodo, Eloy Bueno, José Luis Lastra y Roberto Calvo, coinciden en señalar que confluyeron dos factores: la llegada del nuevo arzobispo, don Santiago Martínez Acebes, que lo sugirió y propició un clima de participación, y la sensación de que era necesaria una actualización, una renovación en el seno de la diócesis. De hecho, la propuesta se sometió a consulta en los arciprestazgos (primero a los sacerdotes y después también a los consejos diocesanos) y, según cuenta Eloy Bueno, quien considera que el sínodo sí era necesario, el 90% de las opiniones fueron favorables.

 

Lo cierto es que este acontecimiento movilizó a miles de personas y en todos los rincones de la diócesis se crearon grupos empeñados en trabajar y caminar juntos («que es lo que en realidad significa sínodo», recalca Lastra, «caminar juntos»). Laicos, que fueron mayoría tanto en los grupos sinodales como en las asambleas arciprestales e incluso en las sesiones finales, religiosos, «que tuvieron una implicación modélica» y sacerdotes unieron sus esfuerzos «en un clima sereno de participación, de alegría, de conciencia diocesana». Lo cierto es que los tres aseguran que fue «una de las experiencias eclesiales más bonitas» que han vivido.

 

Coinciden en que fue la creación de ese clima el principal fruto: «Creo que todos valoramos en aquel momento, y sobre todo al acabar el Sínodo, que lo más importante había sido el propio proceso, es decir, sentirnos pueblo de Dios en camino, ese hecho de haber crecido en conciencia diocesana», apunta Lastra. Según Eloy Bueno, «la gente se sintió realmente Iglesia diocesana, al ver que lo que estaba en juego era cosa de ellos, y fue aprendiendo la experiencia de comunión; el esfuerzo de encontrarse todos en un camino común fue una experiencia palpable, y eso ya es un logro insuperable». Otro de los frutos patentes es que algunos de los grupos sinodales que participaron en la primera etapa continuaron después como grupos de reflexión y de formación y dieron lugar a diversas actividades en las parroquias.

 

«La gente se sintió realmente Iglesia diocesana, al ver que lo que estaba en juego era cosa de ellos, y fue aprendiendo la experiencia de comunión; el esfuerzo de encontrarse todos en un camino común fue una experiencia palpable, y eso ya es un logro insuperable»

 

Roberto Calvo opina que «ese proceso generó lo que hoy algunos llaman estilo sinodal». «Ese estilo –considera– marcó y creo que sigue marcando a la Iglesia diocesana». «Creo que nuestra Iglesia de Burgos no estaba tan desencaminada porque ahora el Papa actual continuamente insiste en que el camino sinodal es el que Dios quiere para la Iglesia del siglo XXI», añade.

 

Caminar como Iglesia local

 

La aplicación de las propuestas concretas [leer aquí los documentos], sin embargo, fue un poco más complicada y desigual. Algunas se llevaron a la práctica muy pronto, como la creación de un departamento de Formación Sociopolítica, otras tardaron hasta 15 años en hacerse realidad, como la institución del diaconado permanente, y otras iniciativas no han llegado nunca a ponerse en marcha. Lastra pone como ejemplo «las cuestiones de evangelización directa, de primer anuncio, que eran bastante incisivas, pero el peso de la rutina y de lo que siempre se ha hecho en la Iglesia así pesa demasiado».

 

«El Sínodo de Burgos en el fondo fue, como en tantas Iglesias, la recepción concreta del Vaticano II», argumenta Calvo. «Entonces todos los que participábamos, todas las instituciones y organismos querían que se hablase de lo suyo. El gran riesgo era que eran multitud de cosas y en el fondo se trataba de recuperar la juventud de la Iglesia burgalesa. Algunos pensamos que sería bueno que, a partir de esos macrosínodos, después ese estilo se fuese llevando adelante en los organismos y en las actitudes y que se pudieran celebrar microsínodos sobre temas más concretos, más puntuales».

 

Eloy Bueno va más allá: si por él fuera, apostaría por que se celebrara en este momento otro sínodo. «Tal vez lo más grave hoy a nivel general es que no se ve la necesidad y precisamente por eso creo que haría falta. Hoy sería mucho más difícil vender el producto, y sin embargo por eso creo que sería necesario. ¿Que en vez de 11.000 personas somos 3.000? Bueno, pues somos 3.000, pero que sepamos los que somos, cómo somos y qué tenemos que hacer».

Rosarios de la Aurora para la Virgen en el último sábado de mayo

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Fieles a la tradición, numerosos fieles han participado esta mañana en el Rosario de la Aurora que, cada último sábado de mayo, recorre el barrio de Gamonal. El Rosario ha partido a las 6:30 de la mañana de la parroquia de San Pablo Apóstol. Tras cantar los misterios por las calles del popular barrio, el acto de piedad ha concluido con una eucaristía en la parroquia de salida, en la que han concelebrado sacerdotes de las parroquias del arciprestazgo.

 

No es el único acto mariano que se ha desarrollado en la jornada de hoy en la capital. También la parroquia de San José Obrero, en el arciprestazgo de Vega, ha rezado esta devoción fundada por el burgalés santo Domingo de Guzmán. Con una imagen de la Virgen portada a hombros, varios fieles de la parroquia han recorrido las calles de su barrio mientras desgranaban las cuentas de sus rosarios.

 

También en Aranda

 

La capital de la Ribera también ha querido concluir el mes de mayo con otro Rosario de la Aurora, que ha partido a las 7:00 de la mañana de la parroquia de Santa María para recorrer  las calles Barrionuevo, San Antonio, Tenerías hasta llegar al santuario de la Virgen de las Viñas, donde ha tenido lugar la celebración de una eucaristía.

Iglesia, políticos y violencia contra las mujeres

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Ayer tarde tuvo lugar el X Encuentro con políticos, organizado desde el Departamento diocesano de Formación Sociopolítica, uno de los eventos habituales que organiza cada año este departamento. El tema escogido en esta ocasión fue «La violencia contra las mujeres». La residencia de Jesuitas acogió esta reunión en la que participaron un total de 21 personas entre representantes de los diversos partidos políticos, algunos cristianos que militan en política, responsables de colectivos que trabajan en este ámbito y miembros del propio departamento.

 

Tras una breve presentación de los asistentes y la lectura de algunos textos del papa Francisco y de los obispos españoles donde se aborda esta lacra de la violencia contra las mujeres, se abrió un debate en torno a dos cuestiones: cuál es la realidad de este drama Burgos (avances durante los últimos años y temas pendientes), y qué pasos se deberían dar desde la política formal (instituciones y partidos), la sociedad y la Iglesia para atajarlo.

 

El coloquio, que duró cerca de dos horas, fue vivo y participado. Se coincidía en que se ha avanzado en visibilización del problema (sobre todo en las situaciones más extremas de violencia), denuncia pública, medidas legislativas, actividades educativas de sensibilización… Pero continúa habiendo –incluso crecen– los acosos contra adolescentes a través de palabras y del móvil, así como ciertas canciones, anuncios y programas de televisión que «normalizan» el machismo y consideran a la mujer como un objeto.

 

A la hora de las propuestas se insistía mucho en el trabajo que habría que hacer de cara a los medios de comunicación (formación de profesionales, ofrecimiento de programas alternativos, un código deontológico de la publicidad…), el amplio campo de la educación (alguna asignatura específica, escuelas de padres…), el apoyo a la familia (primer ámbito de socialización), la dotación de presupuestos que acompañen las leyes, la protección real a las víctimas, y el no hacer de este tema un campo de batalla política (ir todos a una, como en el actual pacto de estado).

 

A la Iglesia de Burgos se le formularon también algunas peticiones: ayudar a las familias a generar ambientes positivos, tratar estos temas en la formación de los sacerdotes, aprovechar la amplia presencia en el mundo rural para empoderar a las mujeres, ayudar a las víctimas y educar en la línea correcta, corregir posturas que desde algunos sectores de Iglesia justifican conductas machistas, o aprovechar los ámbitos educativos que desde parroquias y colegios se tienen con adolescentes y jóvenes.

Profesores de los colegios diocesanos implementan su formación en neurociencia

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El pasado fin de semana, cerca de 180 profesores de los colegios diocesanos y el colegio del Círculo Católico, inmersos desde hace unos meses en su proyecto Educa Innova, mantuvieron una reunión formativa de cara a implantar los resultados de la investigación neurocientífica en sus aulas.

 

Varios ponentes de la Universidad de Barcelona fueron los encargados de transmitir a los docentes algunas de las conclusiones que la ciencia ha descubierto sobre el desarrollo neuronal en la etapa educativa de niños y adolescentes. El objetivo de las charlas, llevadas a cabo el viernes y el sábado en el aula magna de la Facultad de Teología, es dotar a los profesores de herramientas y propuestas que puedan incluir ya en las programaciones didácticas del próximo curso académico 2018-2019.

 

Educa Innova es una apuesta por la calidad de los cinco centros educativos diocesanos (La Visitación de Nuestra Señora-Saldaña, María Madre, Santa María la Nueva y San José Artesano, San Pablo Apóstol y San Pedro y San Felices) y el colegio del Círculo Católico. Con esta iniciativa se pretende aplicar a los métodos de enseñanza y aprendizaje los avances sobre el estudio del cerebro y sus mecanismos de funcionamiento. El proyecto de neurociencia involucra, nada menos, alrededor de 400 docentes, casi 5.000 alumnos y sus familias.