Una ruta de nacimientos por Miranda de Ebro
En la víspera de la Nochebuena, vecinos de Cardeñadijo cambiaron sus habituales quehaceres para convertirse, por un día, en protagonistas de su tradicional belén viviente. No faltaron los pastores, los reyes magos, los ángeles, lavanderas e hilanderas y, por supuesto, el niño Jesús, María y José. Una cuidada puesta en escena que se desarrolla desde hace algunos años por iniciativa de la parroquia de San Martín Obispo y que concita a decenas de burgaleses que atemperaron el frío de la noche con las sopas y chocolate caliente servido tras la representación de este peculiar auto sacramental.
La idea surgió hace trece años por iniciativa de catequistas y animadores del coro parroquial de la localidad. Desde entonces, y año tras año, los cerca de sesenta vecinos implicados directamente en el proyecto aprovechan la representación para crear nuevos lazos de amistad y «formar parroquia». Se trata de la representación de distintas escenas bíblicas que se ponen en acto en diferentes emplazamientos del pueblo, en un recorrido que comienza en la ermita y concluye en la plaza.
En palabras del nuevo párroco de la localidad, Féliz Diez, con esta representación pretenden que «el Niño Dios nazca en medio de la comunidad parroquial de Cardeñadijo y todos sus vecinos». Y, recién acabada la interpretación de este año, ya están pensando en la próxima edición.
En el marco de una liturgia de la Palabra celebrada en la capilla Facultad de Teología, como es tradición, el arzobispo, don Fidel Herraéz Vegas, ha felicitado esta mañana la Navidad a todos los burgaleses. El pastor de la diócesis ha recordado que «la Navidad no es algo que acontezca estos días, sino que es un hecho continuamente actual», puesto que «los hechos salvíficos tienen una actualidad continua». Además, ha destacado la importancia del momento de la encarnación, y ha lamentado que no celebremos más esa fiesta, que se conmemora el 25 de marzo.
Don Fidel, en estos días en que confluyen los buenos deseos de todos, ha subrayado que «el deseo debe contar efectivamente con nuestro compromiso». «Un deseo que no nos lleve al compromiso es ineficaz, no sirve para nada». «Ojalá que todo eso que estamos deseando conlleve ese compromiso. Tienen que ser deseos operativos y que no solo nos veamos comprometidos a realizarlos, sino que eso nos lleve a ayudar a que otros también se comprometan».
Por su parte, el vicario general, Fernando García Cadiñanos, en su felicitación al arzobispo en nombre de toda la Iglesia en Burgos ha recordado algunos de los momentos más importantes del último año, como la celebración del 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de don Fidel, los diversos encuentros diocesanos, las visitas pastorales, en especial a las zonas rurales, las más castigadas, o las numerosas citas en torno al VIII Centenario de la Catedral, entre otros. El vicario ha felicitado a todos deseando «que la vida que fluye en Belén nos empape, aleje nuestras tristezas y nuestros miedos y nos lleve a generar esa vida que el mundo tanto necesita».
Como marca la tradición en estos días del año, el arciprestazgo de la Sierra organizó el pasado viernes su habitual certamen navideño de villancicos. Una cita que reunió en la iglesia parroquial de San Pedro, en Hacinas, a más de trescientas personas de los diferentes pueblos de la comarca.
Un total de dieciséis coros parroquiales dieron voz a villancicos tradicionales, a otros algo menos conocidos, así como a alguna composición original. El certamen concluyó con el popular canto de «Noche de paz».
Al concluir el acto, se ofreció un ágape fraterno en el salón del ayuntamiento de dicha localidad. «Encuentros como este favorecen la unidad y fraternidad, y más en estas fechas, donde la música navideña ha servido como ambientación adecuada para la venida del Salvador», comentan los organizadores arciprestales del evento.

Los residentes, cantando villancicos ante el gran belén.
Cuando llega la Navidad, incluso ya durante todo el Adviento, la residencia Barrantes se carga de actividades, religiosas y lúdicas. «Lo que procuramos es dejar poco tiempo para que la cabeza piense», explica el gerente del centro, José María Acosta. Y es que si ya la Navidad es un momento complicado para la sociedad en general a partir de cierta edad, lo es más para los residentes, añade sor María Ángeles, trabajadora social. «Son días difíciles. Por mucho que los cubramos con actividades, hay soledad. Y no porque ellos estén solos, pues la mayor parte de los residentes tiene muchas visitas, sino porque es una etapa de añoranzas. No quiere decir que porque uno tenga muchas visitas vaya a vivir mejor las Navidades», asegura.
Jose, que es como llaman todos al gerente en esta gran familia, incorpora un matiz: «Mientras durante buena parte de nuestra vida cumplir años es motivo de alegría, a medida que te vas haciendo mayor es motivo de tristeza. Empiezas a sobrevivir a tu familia, a tus amigos, y es tremendamente duro, especialmente cuando llegan fechas como esta, porque tienes un planteamiento personal: ¿y si estas son mis últimas navidades? Entre otras cosas porque ves que hay personas que tienen mayor nivel de deterioro del que tienes tú».
El personal se vuelca para que los mayores vivan en estas fechas momentos de alegría, de fiesta, siendo conscientes de que «tampoco hay que esconder el dolor, ni el sufrimiento, ni el envejecimiento, ni la debilidad». «En el plano humano, que tratamos de estar todo el año con la mayor cercanía posible, se hace un esfuerzo grande por acoger a las familias, porque hay muchas cuyos miembros ya viven fuera de Burgos, aprovechan Navidades para venir a ver al abuelo, la abuela, la madre… Es un punto importante para los mayores, el acoger a un hijo y a un nieto es acogerles a ellos mismos», explica la religiosa.
Algo tan normal como decorar la casa, aquí tiene una connotación especial. No se trata solo de crear un ambiente más bonito, sino sobre todo de estimular a estas personas. Buena parte de ellas presentan deterioros cognitivos, y hay que buscar recursos como los colores, los sonidos, las luces, para que ellos puedan percibir que es Navidad.
Las actividades religiosas comienzan ya en el Adviento. Se celebra una eucaristía por los residentes fallecidos, otro día la unción de enfermos, una liturgia de la Palabra sencilla al comenzar la Navidad y otra en fin de año. Y por supuesto, las misas de Nochebuena, Navidad y Año Nuevo, abiertas a los familiares. Hay momentos que los mayores viven con especial intensidad, como la visita del arzobispo el día de Navidad o la del obispillo, el de los Santos Inocentes, y las de los miembros de la fundación e innumerables grupos de parroquias, voluntarios, movimientos, que acuden en estos días a compartir algunos ratos con ellos «y a cantar muchos, muchos villancicos».
En Nochebuena son pocos los ancianos que abandonan la residencia para cenar con sus familias. «No es que los hijos no quieran, muchas se llevan un disgusto muy grande cuando el mayor dice que no va a salir. ¿Porque no quiere estar con los hijos? Pues no. Porque ya crea molestia, inseguridad, la noche siempre es mala, el querer venir a tu casa, a tu cama, el no ya demasiado ruido, los horarios de las familias… La sociedad llevamos un ritmo muy distinto al que llevan aquí», apunta sor María Ángeles.
«Cada vez más, las personas tienen deterioros cognitivos. Entonces la única manera de orientar a una persona para no tener alteraciones de conducta es fijarle rutinas, porque esas rutinas les dan seguridad. Establecer siempre las mismas pautas, mismos horarios, mismos lugares, mismos actos, lo que les da es una orientación. Ya simplemente el mero cambio de habitación es un trauma. Sacarles de esa rutina a la que están acostumbrados lo llevan mal», añade el gerente.
«A las familias les duele mucho no poder sacarles, sobre todo el primer año. Cuando decía que cuidábamos a las familias también hablaba de esto. Al final todos sentimos un poco de culpa, no queremos llevar a nuestros familiares a la residencia. Intentamos ayudar a que las familias vean que no se abandona al mayor, que lo que se hace es protegerlo. El hecho de no llevarle a casa no significa que la familia no pueda trasladarse al centro residencial a acompañarle. A lo largo de la vida nos vamos acompañando y sintiéndonos acompañados de muchas maneras. En esta etapa, en que uno está delicado, no es importante ni lo que coma, ni el lugar donde esté, sino en el lugar que él vive a diario se sienta protegido por la familia y acompañado por la familia», concluye la religiosa.
Ante la avalancha de visitas navideñas, todas bien venidas, añade algo más: «Todos vienen con muy buena voluntad, pero los ancianitos están también en abril, y en mayo y en junio…».